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“ARISTÓTELES DIJO…” ARCIPRESTE DE HITA (S. XIV)

“ARISTÓTELES DIJO, Y ES COSA VERDADERA…” es el comienzo de un poema del “Libro de Buen Amor”, escrito por el Arcipreste de Hita entre 1330 y 1343; es una de las mejores obras de toda la literatura medieval en español.

Pertenece al Mester de Clerecía y es una obra “intitulada” en los manuscritos que de ella se conservan. Se podría haber elegido otro título para identificarla, como “Libro del Arcipreste”, por ejemplo, pero está bien lo de “Buen amor” porque la obra se centra en definir qué o cuál es ese “buen amor”.

Es una narración autobiográfica que el autor usa para introducir heterogéneos materiales: fábulas, apólogos, serranillas… Con todo esto, el poeta analiza detenidamente (mezclando lo serio con lo burlesco) toda la sociedad del siglo XIV: creencias, costumbres, clases y contradicciones.

Y en esta sociedad el Arcipreste destaca la figura de la mujer; una mujer que va desde la Virgen (a quien dedica “gozos” y “alabanzas”) hasta la alcahueta, y convierte a esta última en uno de los personajes femeninos más logrados de la literatura española: la Trotaconventos. Un siglo después, este personaje alcanzará la cumbre con La Celestina.

Os presento un fragmento de esta riquísima obra donde se muestra ese gusto y dominio del autor por la ironía y donde nos propone que probemos las cosas para después escoged lo mejor. Un trocito que no tiene desperdicio.

“LIBRO DE BUEN AMOR”, ARCIPRESTE DE HITA

Aristóteles dijo, y es cosa verdadera,
que el hombre por dos cosas trabaja: la primera,
por el sustentamiento, y la segunda era
por conseguir unión con hembra placentera.

Si lo dijera yo, se podría tachar,
mas lo dice un filósofo, no se me ha de culpar.
De lo que dice el sabio no debemos dudar,
pues con hechos se prueba su sabio razonar.

Que dice verdad el sabio claramente se prueba;
hombres, aves y bestias, todo animal de cueva
desea, por natura, siempre compaña nueva
y mucho más el hombre que otro ser que se mueva.

Digo que más el hombre, pues otras criaturas
tan sólo en una época se juntan, por natura;
el hombre, en todo tiempo, sin seso y sin mesura,
siempre que quiere y puede hacer esa locura.

Prefiere el fuego estar guardado entre ceniza,
pues antes se consume cuanto más se le atiza;
el hombre, cuando peca, bien ve que se desliza,
mas por naturaleza, en el mal profundiza.

Yo, como soy humano y, por tal, pecador,
sentí por las mujeres, a veces, gran amor.
Que probemos las cosas no siempre es lo peor;
el bien y el mal sabed y escoged lo mejor.

Seguro que después de leer estos versos, os animáis a leer algo más de esta obra, por ejemplo su famosa “Descripción femenina“, que nos presenta los cánones de belleza de la mujer de la época; o “Lo que puede el dinero“, un texto cargado de ironía que nos recuerda aquello de que el dinero “hace señor al siervo y siervo hace al señor”. 
¡A disfrutar!

¿Te apetece curiosear?

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