2 En HISTORIA LIT. ESPAÑOLA

CARPE DIEM. Un tópico en dos autores y dos siglos

CARPE DIEM. Un tópico en dos autores y dos siglos. El miedo al paso del tiempo y el deseo de disfrutar del momento. ¿Una idea moderna?

CARPE DIEM QUAM MINIMUM CREDULA POSTERO

De este verso del poeta Horacio nos ha llegado hasta hoy el tópico llamado “Carpe diem”. Literalmente “Coge el día” y que solemos interpretar como “disfruta del momento, porque la vida es breve y el futuro incierto”. Es una idea recurrente en toda la literatura universal, especialmente en la poesía.

El uso de los tópicos literarios en la literatura (poesía y prosa) no ha desaparecido en la actualidad, porque los tópicos son un reflejo de ideas universales y eternas. La idea del hombre peregrino, la muerte igualatoria, la búsqueda de paz o el carpe diem son actuales.

En España hay dos sonetos preciosos que dan muestra del tratamiento del carpe diem. Dos autores grandes del Siglo de Oro Español, Garcilaso de la vega en el siglo XVI y Góngora en el XVII. La belleza y la maestría de ambos, indiscutible. Es difícil quedarse solo con uno.

GARCILASO DE LA VEGA. “Soneto XXIII”

En el primer soneto, muestra perfecta de la poesía del Renacimiento, el paso del tiempo se expresa con típicas metáfora renacentistas. La juventud aparece en los dos primeros cuartetos: color rosa del rostro, mirada ardiente, cabello rubio, cuello blanco. Después, el el primer terceto la orden directa del autor expresada con el imperativo “coged” para animar al lector a disfrutar de ese momento, porque el tiempo airado (la vejez) cubrirá de nieve la hermosa cumbre (aparecerán las canas, símbolo de los ancianos). Y en el segundo terceto la constancia de que no es posible luchar contra el paso del tiempo; de que la rosa (la juventud) se marchitará inevitablemente.

Bellísimo por la sencillez de sus metáforas y su cuidada estructura.

GARCILASO DE LA VEGA. “Soneto XXIII”

En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro rostro
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende el corazón y lo refrena;

y en tanto que el cabello. que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;

coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.

Marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en sus costumbre.

GÓNGORA. “Mientras por competir con tu cabello…”

En el segundo se nota que hay un siglo de diferencia y que el barroco ha hecho su aparición. Metáforas más complicadas, hipérbaton abundante (orden de palabras roto), repetición de elementos… Aquí el autor, en los dos cuartetos, utiliza también partes del cuerpo para mostrar el paso del tiempo: el cabello rubio, la frente blanca, las labios rojos y el blanco cuello. Estos cuatro elementos los compara con el oro, el lilio, el clavel y el cristal componiendo algunas de las más bellas metáforas escritas en español. La anáfora (repetición del primer elemento de un verso) de “mientras” fortalece la idea del tiempo en movimiento, sin parar. En el primer terceto, aparece la figura literaria llamada “diseminatio recolectio“: los cuatro elementos que habían aparecido antes diseminados, se muestran ahora recogidos en el verso 9 y en el 11. Aparece “edad dorada” como metáfora de nuestra juventud, que luego se troncará en edad de “plata”, vejez. El poema acaba con una enumeración con gradación descendente de cinco elementos; de tierra pasamos a ser nada.

Impresionante la estructura del poema, su final, la belleza de sus metáforas y el uso de los recursos poéticos.

GÓNGORA. “Mientras por competir con tu cabello…”

Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;

mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;

goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,

no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

¿Te apetece curiosear?

2 Comentarios

  • Reply
    Francisco Martín
    15/12/2014 at 08:55

    Dos grandes. Me quedo con Garcilaso, no por nada. Menos abrupto. Más suave. Más desesperado de amor. Cuestión de gusto. El barroco es abrumador en sus formas y lleno de una frustración melancólica extraordinaria. Y Gongora es un placer en todo. Mas Garcilaso tiene esa suavidad y dulzura del Renacimiento que siempre me ha atraido. Saludos. Un instructivo blog el tuyo.

  • Reply
    Victoria Monera Martínez
    15/12/2014 at 11:13

    Gracias!!!
    Totalmente de acuerdo contigo en tu apreciación; el Renacimiento suave y dulce frente al Barroco abrupto.
    A mí me cuesta decidirme por uno u otro, porque el último terceto de Góngora…

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