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EL CALCETÍN DE SAN NICOLÁS. Marja Schermacher.

LA LECHERA. Manuel Herranz. Otra versión de esta clásica historia con una edificante (y triste) moraleja. De un escritor autodidacta y muy aconsejable.

La narradora de este texto, Marja Schermacher,  es holandesa y una admiradora de la literatura española. No es muy aficionada a escribir, pero se atrevió con este y, la verdad, no le quedó nada mal.
Taller de escritura, Jávea 2014.

EL CALCETÍN DE SAN NICOLÁS
Lleva una hora buscando el calcetín rojo. Y después de otra hora más está completamente agotado.

-No puedo ir a Holanda para celebrar la fiesta de San Nicolás el 5 de diciembre. Todos los niños me preguntarán por qué no llevo puestos mis tradicionales calcetines rojos con borlas blancas -dijo el viejo San Nicolás.

Sus criados no saben qué hacer. El “Pedro” encargado de hacer la colada está en un rincón del salón, escondido, temblando, con miedo. Se siente culpable. Quizá pierda su trabajo y lo envíen al huerto a trabajar y a él no le gustaba trabajar fuera.

Todos los “Pedros” buscan como locos por todos los rincones del gran palacio de San Nicolás en Madrid. ¡Hay más de setecientas habitaciones, más unas cien para los criados!

El “Pedro” encargado de los regalos para los niños encuentra un calcetín rojo entre los paquetes. ¡Viva, viva! Pero lleva una borla verde. No es el correcto.

El “Pedro” del correo, que recibe todos las cartas de los niños; encuentra un calcetín con una borla roja. ¡Viva, viva! Pero no es rojo, es blanco. Tampoco es el correcto.

Antes de continuar convienen aclarar que San Nicolás es un gran amante de todos los animales, pero con tantos regalos con chocolate y ricos dulces es necesario que en el palacio haya unos cuantos gatos para controlar a los golosos ratones. Hay unos 15 gatos y siempre alguna gata embarazada. Estas “casi mamás” preparan con amor un nido para sus crías. Y… ¿qué hay más suave y blando que un calcetín recién lavado y perfumado?

El “Pedro” de las mascotas oye el débil maullido de unos gatitos recién nacidos; se asoma y, atónito, ve en el fondo de la cestita un calcetín rojo con una borla blanca. ¡Viva, viva!

Por fin, San Nicolás puede salir para Holanda perfectamente vestido.

¿Te apetece curiosear?

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