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EL CALCETÍN ROJO. Loli Garcés.

LA LECHERA. Manuel Herranz. Otra versión de esta clásica historia con una edificante (y triste) moraleja. De un escritor autodidacta y muy aconsejable.

Loli Garcés nos dejó este minicuento que narra una bella historia de amor.
Taller de escritura, Jávea, 2014.

  EL CALCETÍN ROJO
          María había puesto la lavadora y se había olvidado de ella.
Mientras arreglaba la casa encontró un calcetín. Empezó a buscar la pareja por todos los cajones, pero no lo encontró. La lavadora seguía su curso. Y dentro estaba él, el calcetín rojo dando vueltas, medio mareado, terriblemente mojado, buscando desesperadamente a su compañero.

-¿Dónde se habrá metido? A ver si hay suerte y en una de estas vueltas nos encontramos y podemos estar juntos como siempre. Yo, sin él, no puedo existir. Nadie quiere un calcetín huérfano.

La lavadora siguió dando vueltas y él, cada vez más desesperado, no alcanzaba a ver a su compañero; el detergente lo cegaba y no conseguía ver con claridad.

-¿Qué le habrá pasado? -Se preguntaba el calcetín. –Quizá se haya quedado rezagado. ¡Cómo es tan lento! Y aquí estoy yo…más solo que la una. ¡Como no lo encuentre aquí… no le hablo más! ¡Ay! Ojalá pare pronto este artefacto porque voy a salir de aquí borracho perdido. ¡Qué manera de dar vueltas! Ya podrían inventar otra forma de hacer la colada, más sosegada, sin tanto meneo. Y ahora esto se pone a toda pastilla. Será el centrifugado. Espero que no dure mucho, porque de aquí no salgo vivo.

Durante todo ese tiempo María había buscado en vano el calcetín. De repente oyó el ruido de la lavadora y pensó que ya había acabado. Dejó que parase, empezó a sacar la ropa y… ¡allí estaba el calcetín, arrugado, extenuado, medio muerto!

          Él vio que María llevaba en su mano a su pareja. Cuando ella los juntó, el mareado calcetín tuvo tanta alegría que se olvidó de que antes había decidido no hablarle nunca jamás a su compañero. Se abrazó a su amigo y no volvieron a separarse.

¿Te apetece curiosear?

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