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ESCRIBIR ENTRE SÁBANAS

ESCRIBIR ENTRE SÁBANAS es una reflexión sobre aquellos escritores que han necesitado escribir tumbados o acostados. ¿Qué tendrá la cama?

ESCRIBIR ENTRE SÁBANAS es un artículo consecuencia de mi trabajo. Hace poco me tocó releer vida y obra del que fue premio Nobel de Literatura, el español Vicente Aleixandre. Perteneció a la Generación del 27 y, posiblemente, hoy en día sea uno de los miembros de esta generación menos conocido; por delante de él (no hablo de calidades ni cualidades literarias, sino de alabanzas del vulgo) se encuentran, a años luz, García Lorca, Alberti y Miguel Hernández (si queremos incluir a este último en este grupo). Esto no es grave si tenemos en cuenta que la gran mayoría tampoco ha leído (y ni siquiera les suena el nombre) a otros insignes poetas como Luis Cernuda o Gerardo Diego, por nombrar a alguno. Pero no quiero pararme a analizar cómo o por qué unos autores llegan a la gran masa de público y otros se quedan ocultos tras las sombras.

Les conté a mis alumnos la anécdota de cuando, tras recibir el Premio Nobel, este escritor recibió a un periódico sueco que pretendía entrevistarlo en “su rincón”, refiriéndose a su lugar de trabajo. Aleixandre, sin inmutarse mucho, les respondió que eso era imposible “porque él siempre escribía en la cama”. Su afición (que luego se convertiría en su trabajo) empezó tarde y en la cama, recuperándose de una enfermedad. Así, este poeta, mantuvo su arte siempre “entre sábanas” y fuera de ellas, las musas no lo acompañaban. Estoy segura de que mis oyentes de ese día no recordarán en un futuro el nombre del protagonista de esta historia (ni por supuesto ninguno de los poemas suyos que leímos), pero también estoy segura de que comentarán: “Fíjate, había un escritor español que siempre escribía en la cama, ¡qué curioso! ¿no? Creo que era famoso o que le dieron un premio o algo”. Y este día se me ocurrió  buscar algo más sobre “escribir entre sábanas”.

♥Porque Vicente Aleixandre no era el único con esta “afición” (¿dependencia, mejor?). Otros han confesado su necesidad de escribir en posición horizontal. De unos te lo explicas, de otros te extraña. Pero bueno, es una opción; algo incómoda, eso sí, pero…

♥Se puede comprender que Truman Capote prefiriera escribir tumbado (le daba igual cama o sofá, cualquier cosa horizontal) y con un café y un cigarrillo. El café iba transformándose en martini (mejor “martinis”) según avanzaba el día. La combinación “cama, alcohol y tabaco” iba bien con su personalidad. Imaginaos: un bar, en un rincón una “chaise longue”, al lado un minibar bien surtido; un gran cenicero y unos cuantos folios en blanco. Un escritor tumbado y dando a luz a los espeluznantes asesinos de “A sangre fría”, (si no la habéis leído…apuntadla a vuestras futuras lecturas). Peculiar, Truman Capote.

♥La melancolía e indolencia de Marcel Proust también casaban bien con su tendencia a pasar toda la mañana en la cama. Eso sí, escribiendo. Los esfuerzos físicos como levantarse, vestirse e instalarse en un despacho eran excesos que no podía asumir. Además, ¿para qué?

♥También cuentan que Ramón del Valle-Inclán solía escribir (y hasta recibir a sus visitas) en la cama. En este caso no por pereza ni apatía; nunca tuvo una salud envidiable y montó su vida alrededor del reposo. Y de la literatura, claro está.

♥Juan Carlos Onetti quiso emular a su maestro, don Ramón del Valle-Inclán y decidió también escribir tumbado; así, pasó sus últimos años “entre sábanas”. ¡Qué idilio entre alumno y maestro!

En fin, sea por indolentes, sea por reposo, o por imitación, o por personalidad, la creación solo está con ellos cuando su mundo se encierra en un rectángulo con sábanas y una buena almohada. Seguro que este hábito ha sido protagonista de muchos estudios psicológicos. ¿Es el aislamiento, la tranquilidad, el sosiego lo que encuentran aquí y pone en marcha su intelecto? ¿El sentirse protegidos, cobijados lo que les da la seguridad suficiente para olvidar sus monstruos y activar su imaginación? ¿Quizá la pureza de unas sábanas suaves les inspire? ¿O su aroma? ¿O será el calorcito? Bueno, el caso es que todos han escrito en este sencillo mueble (que otros usamos para algo tan trivial como es “dormir”) bellas obras. Bellísimas. Si se lo debemos a la cama… ¡bendita sea!

¿Te apetece curiosear?

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