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ESCRITORAS CON PSEUDÓNIMO

ESCRITORAS CON PSEUDÓNIMO. Las mujeres tuvieron que disfrazarse para poder escribir, para tener çexito, para ganar dinero y para ser respetadas.

ESCRITORAS CON PSEUDÓNIMO o, si preferís “escritoras con disfraz”. En la literatura, como en todas las artes, las mujeres han tenido que trabajar mucho para demostrar su valía. Solo algunas muy valientes se atrevieron a desafiar a toda la sociedad (que incluía a padres y maridos). Cuesta encontrar a mujeres escritoras antes del siglo XIX, pero hay que citar obligatoriamente a algunas como Santa Teresa de Jesús o Sor Juana Inés de la Cruz por la importante aportación que hicieron a la “literatura femenina”.

*Una aclaración. ¿Pseudónimo o seudónimo? Ambas son correctas (aunque se prefiere la forma sin p); se pueden escribir las dos; si optamos por pseudónimo, al pronunciarla, no debemos pronuncias la p. Lo mismo con sicólogo/psicólogo y siquiatra/psiquiatra.

Muchas tuvieron que optar por el seudónimo, ese “disfraz” que les permitía exponer sus obras sin exponerse ellas. Un simple nombre masculino y todo cambiaba.

¿Por qué escritoras con pseudónimo? El uso del seudónimo (que también han usado no pocos escritores, en muchos casos deseosos de una intimidad que temían perder) se debe a varias causas. Vergüenza, modestia, miedo, escándalo… Aquí voy a mencionar algunos casos de escritoras que han usado esta treta para poder presentar al público sus creaciones.

♥Uno de los casos más conocido es el de las tres hermanas Brönte (Emily, Charlotte y Anne) que usaron respectivamente “Ellis Bell”, “Currer Bell” y “Acton Bell” (fijaos en que las iniciales coinciden con sus verdaderos nombres) para firmar sus obras. Aunque ahora nos parezcan novelas normales, en su época no se consideraba “propio de una dama” expresar íntimos sentimientos. Por ejemplo Emily Brönte en “Cumbres Borrascosas”, donde se narra una historia de amor apasionada. O “Jane Eyre”, de su hermana Charlotte; ¿quién se creía que era la protagonista femenina, una chica normal, para enamorarse de un lord? ¡Esas relaciones no eran aprobadas socialmente! Y, por ello, no se podían escribir.

♥Especialmente atractivo es el caso de George Sand, seudónimo de Amandine Aurore Lucile Dupin, una baronesa con grandes inquietudes intelectuales que se disfrazaba de hombre para acudir a eventos prohibidos para mujeres.

♥Y en una reseña de escritoras con seudónimo, hay que citar a Collette, la autora de “Gigi”, historia de una cortesana que supuso un escándalo en su momento. Es un ejemplo de escritora que “cedió” sus primeras obras para que aparecieran firmadas por su marido.

♥El caso de la ganadora del Premio Nobel Doris Lessing es muy interesante. Siendo ya famosa, intentó publicar dos novelas bajo el nombre de Jane Somers; sus editores rechazaron estas obras y, aunque al final consiguió publicarlas, la prensa las ignoró por completo. Al fin y al cabo, ¿quién era Jane Somers? Doris Lessing quiso demostrar que, a veces, el fracaso o el éxito de una obra no tiene nada que ver con la calidad de la misma. Y que la fama ayuda, claro que sí.

♥¿Y recordáis a Mary Westmacott? ¿No? A Mary Westmacott le publicaron seis libros de corte “romántico-rosa”. Nada que ver con otros que había escrito la misma autora, como “Diez Negritos” o “La ratonera”. ¿Os suenan estos títulos? Pues sí, la gran Agatha Christie, la reina del suspense, tenía su lado dulce, pero no quiso mezclar estas dos facetas literarias (¿quizá fue algo de vergüenza?) y se inventó a “otra autora” para publicar sus obras de amor.

♥J.K Rowling ha sido una de las últimas en esconderse, en disfrazarse. Bajo el nombre de Robert Galbraith ha publicado “El canto del cuco”, en un intento de huir de la presión que supone ser la creadora de la saga de Harry Potter y una de las escritoras que más dinero ha ganado en los últimos años.

Y hay más, claro. Pero seguiremos otro día.

¿Te apetece curiosear?

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