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GARBANCITO. Cuento popular

Garbancito. Cuento popular. Genial historia para contar a los más pequeños de la casa. Tal y como yo la recuerdo, con sus rimas que nunca se olvidan.

De todas las versiones que hay de este pequeño relato, “GARBANCITO“, os presento esta porque es la que yo escuchaba de niña. Si el final os parece un poco “guarro”, podéis cambiarlo, aunque esa parte un poco asquerosa es la más suele gustar a los niños (reconozco que a mí también). Es lo bueno de estos cuentos populares, que permiten versiones a montón.
Uno de los mejores para contar a los más pequeños de la casa; también Las habichuelas mágicas y ¡Marieta, Marieta…! (de este último te ofrezco mi versión).

GARBANCITO
Hace no mucho tiempo existió un niño tan pequeño que apenas tenía el tamaño de un garbanzo, por lo cual todo el mundo lo llamaba Garbancito.
Su pequeña estatura no le impedía ayudar a sus padres en las tareas diarias. Con frecuencia su mamá lo mandaba a comprar algo a la tienda del pueblo.

-¡Garbancito!

-Sí, mamá.

-Toma esta moneda y ve a comprar un paquetito de azafrán, pero ten mucho cuidado no vaya a pisarte alguien.

-No te preocupes mamá, iré cantando y así todo el mundo podrá oírme.
       ¡Pachín, pachín, pachán!

A Garbancito no piséis.

¡Pachín, pachín, pachán!

Tened cuidado con lo que hacéis.

En la tienda ocurría siempre lo mismo, veían antes la moneda moviéndose ágilmente que a su portador; Garbancito gritaba lo que deseaba, al instante se lo acercaban y volvía a casa, sin parar de cantar:

        ¡Pachín, pachín, pachán!

A Garbancito no piséis.

¡Pachín, pachín, pachán!

Tened cuidado con lo que hacéis.

Un buen día, cuando Garbancito volvía a casa, se puso a llover y el muchacho se refugió bajo una gran col. Mientras esperaba a que escampara, se acercó una vaca glotona que pastaba cerca de allí y engulló toda la col de un solo bocado; ¡con Garbancito dentro!

Los padres notaron la tardanza de Garbancito y, preocupados, salieron a buscarlo.

-¡Garbancito! ¿Dónde estás?

Preguntaron en la tienda, recorrieron todo el camino de vuelta.

-¡Garbancito! ¿Dónde estás?

 Así varias horas. Pero sin encontrarlo. Cuando se acercaba la noche, la vaca glotona se metió en el establo. Allí fue la mamá de Garbancito que seguía gritando:

-¡Garbancito! ¿Dónde estás?

Y entonces el niño contestó:

-¡Estoy aquí, mamá! 
En la barriga del buey. 
Donde nunca es de noche ni de día, 
donde no hace ni frío ni calor.

-¡Garbancito! ¿Dónde estás? Te oigo, pero no puedo verte.

-¡Estoy aquí! 
En la barriga del buey. 
Donde nunca es de noche ni de día, 
donde no hace ni frío ni calor.

Los padres se apresuraron a sobrealimentar al animal, comida y más comida, para que expulsara a Garbancito; después de un rato, el niño salió entre las heces de la vaca. Los papás lo abrazaron, locos de alegría, e inmediatamente se fueron todos a la ducha mientras cantaban:

¡Pachín, pachín, pachán!

A Garbancito no piséis.

¡Pachín, pachín, pachán!

Tened cuidado con lo que hacéis


Y esta es mi versión de Garbancito; si alguien encuentra otra que le guste más, libre es de elegir.

¿Te apetece curiosear?

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