0 En CUENTOS CLÁSICOS

LA CABRA MONTESINA. Cuento popular

LA CABRA MONTESINA es mi versión de esta historia, la que yo siempre he oído en boca de mi madre. ¿La verdadera? Creo que eso es imposible de saber.

También este cuento pertenece al repertorio de mi madre y “LA CABRA MONTESINA” es el título que ella le daba. Ella siempre dice que no sabe exactamente de dónde los sacaba mi abuela, pero el caso es que su niñez estuvo bien acompañada de historias y relatos que su madre les contaba “a la luz de la lumbre” y que marcaron fuertemente la personalidad de los seis hermanos que son. Y de todos sus descendientes, creo. Cuando le digo que ella es una compiladora, igual que los Hermanos Grimm o Perrault o Andersen, se ríe y no me cree, por supuesto. Pero, a ver, ¿cuál es la diferencia entre ellos y mi mamá? Ahora que sus historias están por escrito, ninguna.

Por supuesto este está pensado para ser contado, no para ser leído. De ahí las repeticiones y las rimas, que ya sabéis que tienen una importante finalidad, que se pueden recordar mejor (¿os habéis preguntado por qué recordamos canciones? pues porque tienen música y rima, si no, sería mucho más difícil). Por eso, nosotros, además, le poníamos música al estribillo de la cabra y lo cantábamos mientras nos moríamos de miedo pensando que la cabra montesina vendría por nosotros y nos comería.

Si te gusta “LA CABRA MONTESINA”, no te pierdas “MARIETA“, horror y placer a partes iguales. Estos cuentos de verdad que hacen una niñez feliz.

LA CABRA MONTESINA

Había una vez una mamá que tenía tres hijas. Un día estaba cosiendo en  la puerta de su casa,  se le acabó el hilo y le dijo a su hija mayor que subiera al desván a buscar más hilo.

La niña subió las escaleras y se encontró con una cabra que había bajado del monte y se había instalado en aquella casa. La cabra le dijo:

Yo soy la cabra montesina

del monte, monte pinar

al que pase de esta raya

me lo trago de un tragar.

La muchacha no hizo caso a la cabra, cruzó la raya y la cabra se la tragó enterita.

La madre, al ver que no bajaba su hija mayor, le dijo a la hija mediana:

-Anda, sube a ver qué le pasa a tu hermana que no viene y bájame el hilo.

Al llegar a lo alto de la escalera, la hija mediana escuchó a la cabra:

Yo soy la cabra montesina

del monte, monte pinar

al que pase de esta raya

me lo trago de un tragar.

La hija mediana no hizo caso a la cabra, cruzó la raya y la cabra se la tragó enterita.

La más chica de las hermanas al ver que no volvían le preguntó a su madre:

– Madre, ¿quieres que suba yo y te baje el hilo?

-No, que tú eres muy bajita y no lo alcanzas. Anda, subiré yo.

Al subir la madre, escuchó a la cabra:

Yo soy la cabra montesina

del monte, monte pinar

al que pase de esta raya

me lo trago de un tragar.

La madre pasó la raya y la cabra se la comió.

La hija pequeña, al ver que no bajaban ni su madre, ni sus dos hermanas, se puso a llorar en el umbral de la puerta. Entonces pasó por allí el señor alcalde y, al ver llorar tan apenada a la niña le dijo:

-¿Por qué lloras, niña?

-Una cabra montesina que hay en el desván se ha tragado a mi madre y mis dos hermanas.

El alcalde era un hombre valiente y se apresuró a subir al desván para acabar con la cabra. En cuanto llegó arriba, escuchó:

Yo soy la cabra montesina

del monte, monte pinar

al que pase de esta raya

me lo trago de un tragar.

El alcalde pasó la raya y la cabra se lo comió.

La pequeña estaba todavía más desesperada. Entonces vio pasar a un grupo de mozos fuertes y altos que iban al campo a segar. Los llamó y les pidió que la salvaran de la cabra montesina.

Los mozos no lo dudaron un instante; subieron todos y escucharon la voz de la cabra:

Yo soy la cabra montesina

del monte, monte pinar

al que pase de esta raya

me lo trago de un tragar.

Pasaron la raya y la cabra se los comió.

La niña lloraba y lloraba.  Acertó a pasar por allí una hormiguita que le preguntó

-¿Por qué lloras, niña?

La niña le contó a la hormiga lo que le pasaba y la hormiga le dijo:

-No llores, no tengas miedo, yo subiré a buscar a tu madre y a tus hermanitas. Pero tienes que darme algo a cambio.

La niña no sabía qué ofrecer a la hormiga y finalmente dijo:

-Arriba hay también un gran saco de trigo que puedes quedarte si nos libras de la cabra montesina.

Pero la hormiguita contestó:

– ¡No, un saco de trigo no!

Que no pueden mis costillicas

ni lo muele mi molinico.

La niña le ofreció entonces un puñado de trigo.

– ¡No, un puñado de trigo no!

Que no pueden mis costillicas

ni lo muele mi molinico.

Finalmente, la niña dijo:

-¿Quieres un granito de trigo?

– ¡Sí, un granito sí!

Que pueden mis costillicas

 y lo muele mi molinico.

Así pues, subió la hormiga y escuchó.

Yo soy la cabra montesina

del monte, monte pinar

al que pase de esta raya

me lo trago de un tragar.

La hormiga, que era muy valiente, cruzó la raya sin que la cabra la viera, subió por la pata de la cabra hasta llegar al culo y le dio un enorme picotazo. La cabra empezó a saltar y saltar y con tantos saltos que daba… reventó y salieron la hermana mayor, la hermana mediana, la madre, el señor alcalde y todos los mozos.

La hormiguita cogió su grano de trigo y se fue muy contenta a su hormiguero.

Y colorín colorado

este cuento se ha acabado.


¿Más historias de mi madre?

¿Te apetece curiosear?

No Hay Comentarios

Deja un comentario