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LOS SEIS SABIOS CIEGOS Y EL ELEFANTE. Cuento popular, India

LOS SEIS SABIOS CIEGOS Y EL ELEFANTE. Cuento popular, India. ¿Qué toca cada ciego? ¿Quién tiene razón? Unos de los más bellos relatos orientales.

“LOS SEIS SABIOS CIEGOS Y EL ELEFANTE” es una historia que nos viene de muchos siglos atrás. Como la mayoría de los cuentos. Y son historias sin autor conocido y sin una única versión “primera” ni “auténtica”. Son una sencilla muestra de la sabiduría de los pueblos. Todo eso les permite ser recreados, reinventados, versionados o adaptados y continuar siendo bellos y mantener su mensaje inicial.

“LOS SEIS SABIOS CIEGOS” es una historia popular de la India también con muchas versiones. Uno de esos bellos cuentos que nos recomienda prudencia en nuestras afirmaciones; ¿qué ciego está equivocado?, ¿cuál de ellos tiene razón?, ¿cómo se puede demostrar?

¡Cuidado!

Para pensar y aprender un poco de humildad.

Como todo buen cuento, con su correspondiente e imprescindible buena moraleja.

LA HISTORIA DE LOS SEIS SABIOS CIEGOS Y EL ELEFANTE

HACE MÁS DE MIL AÑOS vivían seis hombres ciegos que pasaban las horas compitiendo para ver quién era el más sabio. Los sabios explicaban las historias más fantásticas que se les ocurrían y luego decidían entre ellos quién era el más imaginativo.

Así pues, cada tarde se reunían y el primero de los sabios adoptaba una actitud severa y empezaba a relatar la historia que según él, había vivido aquel día. El sabio había decidido salir a dar un paseo por el bosque cercano a la casa y deleitarse con el cantar de las aves. De pronto, se le había aparecido el Dios Krishna, que sumándose al cantar de los pájaros, tocaba una bellísima melodía con su flauta. Krishna al recibir los elogios del sabio, había decidido premiarle con la sabiduría que, según él, le situaba por encima de los demás hombres.
Siguieron contando historias los otros sabios, el segundo y el tercero.
Fue el turno del cuarto sabio, después del quinto y finalmente el sexto sabio se sumergió en su relato. De este modo los seis hombres ciegos pasaban las horas entretenidos y a la vez demostraban su ingenio e inteligencia a los demás.

Sin embargo, llegó el día en que la calma se turbó; un elefante pasó por la aldea y los sabios discutieron sobre la forma de un elefante. Las posturas eran opuestas y como ninguno de ellos había podido tocarlo nunca, decidieron salir al día siguiente a la busca de un ejemplar.
Tan pronto como los primeros pájaros insinuaron su canto los seis ciegos tomaron aun joven como guía y, puestos en fila con las manos a los hombros de quien les precedía, emprendieron la marcha. No habían andado mucho cuando encontraron a un gran elefante.
Los seis sabios ciegos estaban contentos, porque finalmente podrían acabar su discusión.

El primero de todos se abalanzó sobre el elefante. Sin embargo, las prisas hicieron que tropezara con una rama y chocara de frente con el costado del animal.
-¡Oh, hermanos míos! -exclamó- el elefante es exactamente como una pared de barro secada al sol.
Llegó el turno del segundo de los ciegos, que avanzó con más precaución, con las manos extendidas ante él. En esta posición tocó dos objetos muy largos y puntiagudos. Eran los colmillos.
-¡Oh, hermanos míos! ¡Yo os digo que este animal es una lanza!
El resto de los sabios se burlaba en voz baja; ninguno creía lo que los otros decían. El tercer ciego se acercó por delante. El animal se giró hacía él y le envolvió la cintura con su trompa. El ciego agarró la trompa del animal y dijo:
-¡Escuchad, queridos hermanos! Este elefante es más bien como una larga serpiente.
Los demás sabios disentían en silencio. Era el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y recibió un suave golpe con la cola del animal. El sabio prendió la cola, no tuvo dudas y exclamó:
-¡Ya lo tengo! – dijo el sabio tan contento-. Sin duda es igual a una vieja cuerda.
El quinto de los sabios tomó el relevo. Al alzar su mano para buscarlo, encontró la oreja del animal.
-Pues no, hermanos, ninguno de vosotros ha acertado en su forma. El elefante es como un gran abanico plano.
El sexto sabio era el más viejo y se acercó con lentitud, apoyándose en un viejo bastón de madera. Estaba tan doblado que pasó por debajo de la barriga del elefante y agarró su gruesa pata.
-¡Hermanos! Lo estoy tocando. Tiene la misma forma que el tronco de una gran palmera.

Ahora todos habían experimentado cuál era la forma verdadera del elefante y creían que los demás estaban equivocados. Satisfecha así su curiosidad tomaron otra vez la senda que les conducía a su casa. Otra vez sentados retomaron la discusión sobre la forma del elefante, seguros de que lo que habían tocado era la verdadera forma del elefante.

Todos los sabios tenían parte de razón, ya que todas las formas que habían experimentado eran ciertas, pero sin duda todos a su vez estaban equivocados respecto a la imagen real del elefante.

(Atribuida a Rumi, sufí persa del siglo XIII)

(Adaptación)

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