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PILLÍN y esas palabras en el olvido

PILLÍN y esas palabras en el olvido es un artículo que, con añoranza, recuerda todas esas palabras que vamos olvidando. ¿A dónde irán?

“PILLÍN! y esas palabras en el olvido. Por supuesto podemos excusarnos diciendo que  el español es una lengua muy rica (quizá demasiado), que es imposible conocer todas las palabras de esta bella lengua, que muchas no pertenecen a “nuestro campo” y no es lógico usarlas, que…

Acepto todo lo anterior. Pero arguyo que deberíamos intentar enriquecer nuestro vocabulario, que cada día escuchamos palabras que no comprendemos y no nos molestamos en buscar su significado, que desperdiciamos la riqueza de este idioma que nos ha tocado en suerte. Que no está bien que dejemos en el fondo del saco algunas palabras preciosas, allí abajo, olvidadas, tristes. De vez en cuando hay que removerlo y airearlas; sacarlas a la luz, pronunciarlas, darles voz.

Y toda esta introducción va porque ayer escuché una palabra que me recordó muchas más que tenemos un poco en el olvido. O casi en desuso. Son esas que conocemos, que quizá usáramos antes pero ahora están demodé y suenan un poco antiguas. Que cuando las  leemos nos parecen “poéticas” o demasiado cultas. Incluso cursis. ¡Qué lástima! ¡Qué belleza esconde cada una de ellas!

Pillín“. Esa fue la palabra que despertó mi añoranza.

“BISUTERÍA”, de Carmen Calvo

Es el diminutivo cariñoso de “pillo“. Los significados van desde lo negativo (persona hábil para engañar, bribón, sinvergüenza, golfo, maleducado, grosero) hasta lo positivo (astuto, sagaz) y también se aplica a niños traviesos pero sin mala intención. Lo que antes era un pícaro, vamos.

A mí me parece una palabra deliciosa y la connotación negativa no se la encuentro. Pillín es esa persona que consigue su objetivo con gracia, con salero y sin molestar o abusar. El pillín es inteligente y simpático. No ofende. Aunque, claro, busque siempre su provecho.

Casi no se usa esta palabra ahora. Qué pena.

Y me vienen otras más. Ya no hay cretinos. Ni tenemos amigas pavas. Ni nos arrebolamos cuando nos dicen un piropo. Ni cometemos ese pecado que es la desidia. Ni tenemos un jefe adusto. Ni existen películas sicalípticas. Ni nuestra cuñada lleva un vestido noño. Ni gritamos pardiez cuando nos enfadamos. Y nadie dice fruslerías. Y a desaparecido lo garrulo.

Me encantaría incrustar algunas en mi vocabulario y decir que la perfidia es un tremendo error, que los abyectos irán directamente al averno y que mi flor favorita es el ababol. Y recuperar el estipendio, la enjundia, el floripondio, el lupanar, la patraña, la roña, el zonzo

Y no sigo porque me emociono.

¿Te apetece curiosear?

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