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SANTA TERESA DE JESÚS. Boceto biográfico

“VIVO SIN VIVIR EN MÍ 
Y MUERO PORQUE NO MUERO”

Estos versos tan repetidos en manuales de literatura y puestos siempre como ejemplo de paradoja son los recuerdos que tengo de Santa Teresa de mi época de estudiante. Y no me gustaban. Lo de las paradojas me parecía demasiado complicado y, para ser sincera, bastante estúpido. Tuvieron que pasar años para que pudiera comprender el significado de estos versos. Y no lo hice a través de su autora; fue San Juan de la Cruz quien me conquistó y, desde sus versos, llegué a los de ella.

En 2015 se celebró el 500 aniversario del nacimiento de esta extraordinaria (es un buen adjetivo para describirla) mujer. Animada por esta fecha releí algunos artículos sobre ella. Una biografía llena de anécdotas. Se le incluye en el SIGLO DE ORO de la literatura española y es la mayor representante de la literatura mística.

Santa Teresa (o Santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila) nació en 1515.

Empezamos por su familia. Se quedó huérfana a los trece años, pero compartió su infancia con una familia numerosa, ya que su padre se casó por segunda vez y, entre todos sus hijos, llegaron a doce. Ella siempre reconoció ser la favorita de su padre. Y de sus hermanos. Y del primer monasterio donde profesó. Y de casi todos los que tenía alrededor. Malcriada, diríamos ahora. Quizá porque todos percibían ya en ella algo especial.

Demostró estar poseída (la palabra no es exagerada) por una espiritualidad y por un afán de convivir con Dios ya desde pequeña. Sus visiones, sus conversaciones, sus éxtasis la acompañarían (¿o mejor perseguirían?) en cada acto de su vida.

Se cuenta que se fugó a los siete años (con su hermano Rodrigo) a tierra de moros para buscar martirio y ella misma cuenta que jugaba “a hacer ermitas y a vivir en monasterios”.

Cuando Teresa tenía 20 años (y con la absoluta oposición de su padre) volvió a fugarse, esta vez para tomar los hábitos y hacer los votos. Su salud empeoró y estuvo grave durante varios años, hasta que se recuperó por “la intercesión de San José”. Tan enferma estuvo que se preparó su sepultura y se organizó su funeral.

Pero la verdadera Santa Teresa aparecería más tarde, cuando comenzó a fundar monasterios. Es como si esa mujer delicada y guapa (dicen que lo era) hubiera cambiado cuando creó su primer monasterio; más profunda, totalmente dedicada a su obra (que no era otra que “servir a Dios”). El primero fue el “Convento de San José”, en Ávila (con ayuda de un dinero que uno de sus hermanos le envió desde Perú), en 1562. Así aparecía en esta sociedad del siglo XVI (no olvidemos la época en la que estamos y la relevancia de la religión y de las órdenes en la sociedad) la “Orden de las Carmelitas Descalzas”. Santa Teresa consideraba que la austeridad, la pobreza y la clausura (duras palabras) eran imprescindibles para la nueva doctrina carmelita. Las primeras carmelitas dormían en jergones de paja, se vestían con sandalias, no comían carne y ayunaban. Y Santa Teresa con ellas.

Fundó monasterios por toda España. Y mientras, fue denunciada a la Inquisición; calumniada, perseguida. Y sus escritos censurados duramente. Alabada por muchos y criticada por otros; una mujer que levantaba pasiones allá donde iba.

Trabajadora sin descanso, a pesar del agotamiento que le producía son convivencia con el mundo divino. No es fácil vivir en dos mundos. Siempre contó con el apoyo de confesores, religiosos y familiares.

Agotada y enferma llegó Teresa de Ávila al monasterio de Alba de Tormes, donde murió el 4 de octubre de 1582 y fue enterrada veinticuatro horas después, pero… ¡el día 15! Precisamente ese día el calendario juliano fue sustituido por el gregoriano, por lo que el 5 pasó a ser el 15 de octubre. Otra anécdota en esta apasionada vida.

¿Y si hablamos de su cuerpo? Época de veneración de reliquias. Todos querían un trocito de Santa Teresa.

Se hizo la primera exhumación del cuerpo un año después de su muerte; el cuerpo se encontró “incorrupto”. Se le amputó una mano que se llevó a las carmelitas de Ávila (pero el padre Jerónimo Gracián se quedó con el dedo meñique).

Tres años después la orden Carmelita mandó llevar el cuerpo a Ávila; se hizo pues la segunda exhumación y se trasladó el cuerpo incorrupto, pero sin un brazo que se quedó el monasterio de Alba de Tormes en compensación por la pérdida que para ellos suponía perder el cuerpo de Santa Teresa.

Sin embargo  los Duques de Alba presionaron y lograron que el cuerpo volviera a Alba de Tormes, donde continúa hoy en día, incorrupto, custodiado por nueve llaves y despojado de varias partes.

Las reliquias de Santa Teresa son:

-El brazo izquierdo y el corazón (ambos en Alba de Tormes)

-Un pie y parte de la mandíbula (en Roma)

-La mano izquierda (en Lisboa)

-Un dedo (en París)

La primera mano que se le seccionó ha tenido una vida muy agitada. Esta mano la conservan las carmelitas de Ronda; tras la guerra civil Francisco Franco la consiguió y fue su talismán durante toda su vida. Hizo construir un pequeño altar para venerar la reliquia.

Además hay varias reliquias más (verdaderas o no) repartidas por todo el mundo.

No tardó en ser beatificada (en 1614) y canonizada (en 1622). Además se quiso que fuera Patrona de España (en 1627, pero los partidarios de Santiago Apóstol estaban ahí).

Es la patrona de los escritores (de lo que acabo de enterarme al escribir este artículo).

Y se tuvo que esperar (fijaos bien, varios siglos después) hasta 1970 para que fuera nombrada Doctora de la Iglesia; después de muchos intentos, que siempre recibían la negativa por “obstat sexus” (cuestión de sexo). Fue la primera mujer con este reconocimiento. El santo de las Teresas es el 15 de octubre.

Como escritora cultivó la literatura mística. De estilo fácil y de apasionados temas, como lo fue su vida y la inspiración que la guiaba.

“Camino de perfección”, “Las Moradas”, “Vida de Santa Teresa de Jesús”, “Libro de las relaciones”, “Libro de las fundaciones”… además de obras breves, cartas y poesías.

Quizá los versos que mejor definen a esta mujer no sean los dos con los que empezado, sino estos con los que acabo:

 Vuestra soy, para Vos nací,
¿qué mandáis hacer de mí?

(Ilustración de Carmen Calvo)

¿Te apetece curiosear?

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