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UN BOCADILLO DE JAMÓN

UN BOCADILLO DE JAMÓN. Seguro que alguna vez os habréis preguntado por qué es tan difícil comerse un buen bocadillo de jamón. Fuera de casa, claro.

“UN BOCADILLO DE JAMÓN”. Instrucciones para prepararlo.

-Ingredientes. Pan, jamón, tomate madurito (opcional) y aceite de oliva.

-Preparación. Abrir el pan, echar un poco de aceite, restregar (acabo de buscar el verbo “restregar” y sí, es correcto) medio tomate, poner el jamón y servir.

-Dificultad. Ninguna.

UN BOCADILLO DE JAMÓN. Seguro que alguna vez os habréis preguntado por qué es tan difícil comerse un buen bocadillo de jamón. Fuera de casa, claro.

“BODEGÓN”, de Carmen Calvo

Tras leer lo anterior, ¿me puede alguien explicar por qué es tan difícil comer un buen bocadillo de jamón? O de queso, que también es una odisea.

A ver. Valencia. “Ciudad de las Artes y las Ciencias”.  Una preciosidad. Uno de sus edificios. El Palacio de la Ópera Reina Sofía. “Lo más” de esa ciudad. Tres horas de ópera con un intermedio de veinte minutos a las nueve y media. Público hambriento de bocadillo y necesitado de baño. Salimos a tropel. Mi marido tiene una envergadura que impone y logra salir de los primeros, situarse delante de una de las dos minibarritas (instaladas de manera algo ruin, a mi modo de ver) donde puedes elegir de un “extenso” surtido que consiste en “vino, cava, cerveza o agua” y “mixjaponés, bocadillo de jamón o de tortilla”. Vale, no hay que pensar mucho. Dos copas de vino tinto y dos bocadillos de jamón. Los precios… ni os digo lo que nos gastamos porque me da vergüenza. Vale. Un día es un día. Al fin y al cabo tampoco vamos a la ópera todas las semanas (ni todos los meses).

¿Copas de vino? Que no. Que copas no. Un vaso de esos planos que se han puesto de moda. ¿Para el vino? Sí, para el vino. Y… a mí que no me digan, pero es que no sabe igual, es que pierde parte del sabor. La estética está muy relacionada con la comida en nuestra sociedad; una sociedad de “excesos y sobras”, en la que “comer” ha pasado de ser una necesidad a una afición. Y un vino en un vaso… pues no.

¿Bocadillo de jamón? Una “pulguita” con un testimonio de jamón dentro. Aceite y tomate… ¡por favor! ¡Esos lujos no!

A nuestro alrededor vimos a varias personas que sacaban (algunos sin ningún disimulo) unas empanadillas  de sus bolsos. Antes me habría atrevido a criticarlos. ¡Desde luego, llevarse comida a la ópera, qué vulgar! En ese momento me dieron envidia. Y si vuelvo, me plantearé seriamente imitarlos.
Estamos en el país del vino y del jamón. Preparar un bocata con un pan crujiente, un buen tomate y un sabroso jamón, ¡no es tan difícil, cojones!

A lo mejor si le pusieran un poco de amor…

(Imagen de Carmen Calvo)

¿Te apetece curiosear?

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