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UNA NOCHE DE LUNA LLENA. Maud Mahaut

LA LECHERA. Manuel Herranz. Otra versión de esta clásica historia con una edificante (y triste) moraleja. De un escritor autodidacta y muy aconsejable.

Un cuento en prosa lleno de poesía que compuso Maud Mahaut.
Taller de escritura, Jávea 2014.

UNA NOCHE DE LUNA LLENA

Érase una vez una noche de luna llena. Era medianoche y dejé de leer. Apagué la luz y presentí que me costaría encontrar el sueño; estaba muy agitada. Volví a encender la luz. Eché una mirada al reloj y al calendario de mi mesita. Luna llena. Me levanté y abrí las cortinas; estaba allí, la luna, llena, dueña de la noche. La llamé decidida a conversar con ella; se aburría y me recibió con ansia.

-Señora Luna, ¿os importaría ir a otra parte? Por su culpa no puedo dormir. ¡Siempre igual, cuando es luna llena me pongo como una pulga!

-¿Qué puedo hacer yo si usted es tan sensible a mi presencia? Olvídeme y haga como si yo no estuviese aquí. Tápese los ojos. Tómese una tila. ¡Qué sé yo!

-¡No puedo; tengo una auténtica fijación por usted! Al fin y al cabo, es usted la que me importuna, señora Luna.

-Pues… ¿sabe lo que le digo? Para las reclamaciones, diríjase a Dios.  Él es el jefe. Yo hago mi trabajo de luna y punto. Si no está contenta, no tiene más que mudarse.

-¿Y qué más? ¡El mundo al revés! ¡Mudarme! ¿No hay solución más simple? Después de todo estoy en mi casa.

-¡Yo también estoy en mi casa! Escúcheme. Tengo una idea. Si yo bajo del cielo, ¿aceptaría usted esconderme bajo sus sábanas? Así no la molestaría más. ¿Qué me dice?

-No tengo por costumbre dormir acompañada. Además, supongo que ocupa mucho sitio.

-Sí, pero menguaré, menguaré… hasta hacerme pequeña. Podemos llegar a un acuerdo. ¡Por favor, hágame un sitio en su cama!

-Bueno, bueno… Tengo una idea mejor. ¿Le va bien la habitación de invitados? La cama es grande y las sábanas suaves.

-¡Qué amable es usted! ¡Toda mi vida soñando con dormir en una cama! Ya no soy joven y una se cansa después de tantos siglos colgada noche tras noche del cielo, como una acróbata. No hago más que explicárselo a Dios. Soy como todo el mundo. Necesito descansar.

-¡Venga, venga, baje deprisa que los vecinos no la vean entrar!

Y cada vez que la Luna pasa por delante de mi ventana, al terminar su ronda, toca y descansa en la habitación de invitados, que es ahora la habitación de la Luna.

Pero… ¡silencio! Es un secreto.

Y colorín colorado

este cuento se ha acabado.

¡Buenas noches!

 

¿Te apetece curiosear?

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