LA GATA TRAGONA

Ahora hace un año que, de forma inesperada y por esos vericuetos que se dan en la vida, apareció en nuestra casa Lola, una gata preciosa que se ha convertido en un miembro más de nuestra familia. Con ella hemos descubierto un mundo de sonidos nuevos. De caricias y gestos. A su dueña va dedicado este cuento infantil. Nota. Imprescindible que el narrador desate todo su potencial narrador.

LA GATA TRAGONA

Había una vez una gatita linda que vivía feliz en una casa con un pequeño jardín. Se llamaba Gambita y era tricolor. Su ama la cuidaba y la mimaba sin límites. Agua limpia, comida sana, alfombras para limar sus uñitas, caricias… en fin, todo lo que una gata puede desear. Ella devolvía todo eso con ronroneos, maullidos y roces, cuando le apetecía porque, ante todo, era una gata.

  • Por cierto, ¿sabéis como maúlla una gata feliz? Pues hace…

Un buen día llegó a la casa de al lado un nuevo dueño con Mirinda, su gata. La nueva gata era blanca y un tanto perezosa. Pero muy lista porque pronto encontró un hueco entre los setos que separaban los dos jardines para colarse al de su vecina y zamparse la comida de Gambita. Era una gata tragona y desconsiderada y Gambita estaba enfadada y triste.

  • Por cierto, ¿sabéis como maúlla una gata triste? Pues hace…

Tanto tragó y tragó Mirinda que un día, cuando quiso pasar por el agujero del seto, se quedó atorada. Ni hacia adelante ni hacia atrás. ¡Qué susto! Maulló y maulló, pero su dueño no estaba en casa.

  • Por cierto, ¿sabéis como maúlla una gata en apuros? Pues hace…

Gambita la oyó y corrió a ayudarla. Estaba muy enojada con ella, pero era una gatita buena y no podía dejar a Mirinda en esa situación. Se puso delante de su ama y maulló fuerte y rápido para que su ama supiera que algo estaba pasando.

  • Por cierto, ¿sabéis como maúlla una gata nerviosa? Pues hace…

Hecho. Ambas fueron al seto; con unas tijeras (y mucho cuidado), el ama hizo el hueco algo más grande y consiguió que Mirinda pudiera liberarse. ¡Qué bien!

Entonces la situación cambió. Las dos gatas se hicieron amigas y usaban el hueco para pasar de un jardín a otro a jugar y compartir la comida. Claro que Mirinda siguió siendo más tragona y Gambita más juguetona, pero fueron felices porque se compaginaban.

  • Por cierto, ¿cómo creéis que maullarán ahora las dos gatitas juntas? Pues harán…

Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

DOS ACLARACIONES

Aunque siempre decimos que los gatos maúllan, también son capaces de producir otros sonidos como trinos, chirridos, bufidos, alaridos, gritos, cacareos y gruñidos. Todo un mundo.

Es un cuento oral y la idea es que los niños puedan intervenir imitando los sonidos de los gatos como buenamente puedan. Yo lo he hecho y el resultado es sorprendente y muy divertido. Además, puedes seguir añadiendo sonidos: gata asustada, gata enamorada, gata sorprendida…

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