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TENDENCIA

¿Por qué los padres tenemos esa absurda tendencia a contestar cuando le preguntan a nuestros hijos?

Así, rápido, sin pensar.

Veamos.

Rosa y Agustín (unos viejos amigos) por la calle de paseo con sus dos hijos: Rosa Teresa y José Agustín. Una familia de esas “de toda la vida”, con los nombres de padres, abuelos y bisabuelos. Por aquello de perpetuar el linaje. No caen en que lo que faltan son hijos y lo que sobran son nombres.

Le pregunto a Rosita (menos mal que han elegido Rosita y no Teresita) qué tal el instituto.

Rosa madre responde rauda y con cara de asco: “Pues cómo va a ir… cómo va a ir… si está todo el día dándole a las teclas… del ordenador… del móvil…”.

TENDENCIA. ¿Por qué los padres tenemos esa absurda tendencia a contestar cuando le preguntan a nuestros hijos? Es un misterio pendiente de resolver.

La niña (quince añitos y con sus padres, ¡una carita de resignación la pobre!) no abre la boca. A lo mejor quiere, pero su mamá no le da tiempo. Es veloz. Rápida. Cual gacela. Deduzco de la respuesta materna que le va mal. Si fuera buena estudiante (que también las hay, ¡caramba!) diría la jefa del clan: “Muy bien, a ella le va muy bien. Pero le podría ir mejor si no estuviera todo el día dándole a las teclas esas, que no para”.

¡Ay, Rosa Teresa, paciencia!
José Agustín se evade; viaja; no está. No le pregunto; ¿para qué? (Y ahora que caigo, no sé cómo llaman al niño; ¿Jose, Pepe, Joseagus, Pepito?).

Y Agustín, el padre omnipresente, mientras, mira de reojo, asintiendo a lo que dice su amada esposa. Al fin y al cabo, de eso de criar hijos, es ella la que sabe.

Rectifico. ¿Por qué las madres tenemos esa absurda tendencia a responder cuando le preguntan a nuestros hijos?

¡Detengámonos y les haremos un favor!


Si te apetece seguir leyendo otra de mis reflexiones: Y LLEGA EL DÍA DE LA MADRE, ¡AY!

(Imagen, “TEXTURAS”, de Carmen Calvo)

¿Te apetece curiosear?

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