2 En MINICUENTOS

IMPUNTUAL

Impuntual. Victoria Monera. Un minicuento (o microrrelato) sobre la impuntualidad, sus causas y sus consecuencias. Mi experiencia personal.

«IMPUNTUAL» es el título de este minicuento que escribí para colaborar en un nuevo blog que un conocido abrió hace unos años; después ese blog desapareció, pero mi pequeño relato sigue aquí. Ojalá os guste.

El término «minicuento»

El término «minicuento» es un poco conflictivo. A muchos no les gusta y prefieren «minirrelato» o «microrrelato«. Bien, yo creo que con «minicuento» el lector tiene una idea clara de lo que se va a encontrar. Ante todo un texto corto (en algunos casos «cortísimo») y directo que pretende, con pocas palabras, decir mucho. Este tipo de escritos aparece desde el comienzo de la literatura, por ejemplo «las fábulas». Después, le debemos a Hispanoamérica el nuevo desarrollo del minicuento moderno que, a finales del siglo XIX lucha por convertirse en un «género aparte» y que lo va consiguiendo de la mano de escritores como el argentino Marco Denevi.

A mí me gustan por lo que ya he dicho antes: mucho tema con poco gasto. No por escribir más es mejor. Y la concisión exige un esfuerzo, tanto al escritor como al lector, de ver un poco más allá, de interpretar los títulos, los huecos, lo que no está escrito. Ya sabéis lo que dijo Gracián: «Lo bueno si breve dos veces bueno».

No he escrito ninguno más, pero quizá en un futuro…

IMPUNTUAL. Victoria Monera

Sabía que llegaba tarde.  ¡Tarde! Yo, que siempre soy puntual. Y llegué tarde. Las puertas del teatro estaban abiertas, pero ya no había nadie fuera. Todos dentro. Había empezado y un chico muy amable se apresuró a informarme de que no se podía acceder a la sala durante la función. En la pausa, eso sí. Dentro de una hora.

Me había pasado media hora decidiendo qué traje ponerme. Formal, informal, coquetón, negro clásico, rojo llamativo… Ay, Dios mío. Las mujeres.

Me quedé con cara de “¿Y ahora qué hago? “. Y solo se me ocurrió hacerme la moderna  y preguntar a ese chico tan solicito: “¿Hay un bar?”

Me casé con él diez meses después. Y continúo. Al fin y al cabo no fue en vano la media hora que tardé en vestirme.

(Ilustración de Carmen Calvo)

¿Te apetece curiosear?

2 Comentarios

  • Reply
    José Manuel
    29/01/2015 at 21:36

    Esa impuntualidad tuvo un buen final. Para que luego digan que las mujeres sois unas pesadas.

    Besos

  • Reply
    Salomón Barraza
    05/11/2020 at 01:05

    Excelente. El pretexto es fresco. La ilación es atrapante. Jugando a Gianni Rodari, me he atrevido a cambiarte el final

    Las dos últiimas líneas: “Me case con el diez meses. Y continúo. Al fin y al cabo, no fue en vano la media hora que tardé en vestirme”.

    Las he cambiado por: Al repetir la vestimenta, mi esposo me pide que le que le pregunte:
    – ¿hay un bar?

    Así que el lector, podrá preguntarse:
    1- Acerca del efecto que provocó la indumentaria.
    2- ¿De desconocido a esposo?
    3- ¿Cómo sería que pasó de “joven solicito” a ser el esposo?
    4- Y, en su efecto, con el nuevo final se omiten las explicaciones y el lector degustará el cuento con preguntas interactivas.

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