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DIME QUÉ CAFÉ TOMAS Y TE DIRÉ QUIÉN ERES

Dime qué café tomas y te diré quién eres. ¿Con leche? ¿En vaso? ¿Cortado y con sacarina? ¿Muy largo de leche? ¿Con leche templada? Ufff

Sí, dime qué café tomas y te diré quién eres.

No sé si será típico de los españoles (idiosincrasia, que dicen) o es igual en el resto de los países “cafeteros”.

Esta mañana, como siempre, he ido a desayunar a una cafetería. Un café con leche muy largo de café (o muy corto de leche, que viene a ser lo mismo) y una tostada con tomate. Bastante usual por estos lares. A mí me encanta desayunar sola porque me permite “estudiar” el ambiente, la gente que pulula por ahí (es “mi inspiración”). Y leer el periódico, confieso.

Bien, mientras me lo preparaba han llegado tres camareros con “comandas” para la chica que en ese momento se encargaba de la cafetera. Un cortado con poca leche, un café con leche con la leche natural y en vaso y un café solo descafeinado de máquina.  Ninguno de los pedidos era “un café solo”, “un café con leche” o “un cortado” a secas. Es como si nos gustara “personalizar” el café y darle un toque individual. ¡Qué aburrido pedir simplemente un café con leche!

Entonces han llegado dos compañeros de trabajo (¡Mecachis! Me han estropeado mi lectura. ¡Qué se la va a hacer! Otro día será). Uno ha pedido un café con leche corto de café y con sacarina; el otro un café “del tiempo” (que aquí es un café solo normal acompañado de un vaso con unos cubitos de hielo donde echamos el café, después de haberlo azucarado, para que se refresque; en algunas zonas lo llaman “con hielo”, nombre bastante más lógico; el por qué nosotros decimos “del tiempo” todavía es un misterio para mí. Eso sí, os lo recomiendo para los meses de calor).

Mi padre era un cafetero empedernido pero no soportaba el tacto de una taza, siempre lo pedía “en cristal”. Mi marido odia la espuma que ahora está tan de moda (esa con la que te hacen tan coquetos corazones y hasta escriben tu nombre. ¡Qué mono! ¿No?). La verdad es que en algunos bares han llegado a eliminar la parte líquida, o sea te sirven tres dedos de espuma y un dedito abajo, olvidado, de café. A mí me encanta un bombón de postre o de merienda; me explico: “un bombón” en esta parte del mundo cafetero es un café solo con un poquito de leche condensada. El “poquito” es algo muy personal, que puede ir desde un chorrito a un par de dedos (insoportable un café tan dulce; claro… para mí; hay algunos que además, le echan su sobre de azúcar). Y hablando de dulzor, mi madre toma el café con leche con doble de azúcar. Yo pongo un tercio o un cuarto del sobre. Conozco a un señor que pide un carajillo (café solo con un poco de brandi o ron) con unas gotas de leche “desnatada” (¡no os lo perdáis!). Y una amiga que nunca lo “mueve” porque meter la cucharilla le da asco. Mil tipos, combinaciones, cantidades, sutilezas… mil retratos.

Hablando después con la camarera hemos comentado que no estaría mal hacer una lista con todos los cafés que la gente va pidiendo. Me ha dicho que el más curioso fue un café con leche con la mitad de leche y la otra mitad de agua caliente. Pero que a ella no le extrañó mucho, porque el mundo del café está totalmente abierto a nuevas opciones y está preparada para lo más disparatado.

La verdad es que si fuera sicóloga haría un estudio sobre “la personalidad relacionada con el consumo del café” o “dime qué café tomas y te diré quién eres”. Quizá ese estudio ya se haya hecho y, si no, que tomen nota los doctores.

A mí me cuesta apreciar un café “en casa” (sea cual sea la manera de prepararlo); necesito el ambiente barero para degustarlo bien; la relación “café-casa” no me atrae, sin embargo “café-bar”… apasionante. Alguna vez me he preguntado: “sin bares… ¿yo tomaría café?

Mi marido tiene la teoría de que los que preparan bien el café son aquellos a los que verdaderamente le gusta. Dice que es algo innato. Que “sale” de forma natural y que aprender a hacer café es imposible. Se es o no se es cafetero. Es una cuestión de amor. Algo de razón debe de tener. En general el mundo de la cocina es así, los grandes cocineros suelen ser buenos comedores (buenos de calidad, no de cantidad… que os veo venir). ¿Por qué no el café?
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¡Ah! Algunos datos que he encontrado por la red.

  • El 63% de los españoles toma al menos un café al día. Este consumo equivale a 24.140 millones de tazas al año.
  •  Además de ser un estimulante,  el consumo de café ayuda a prevenir algunas enfermedades (en especial, las neurodegenerativas), como Parkinson o Alzheimer, ya que contribuye a conservar la memoria y aumenta el rendimiento físico y mental
  • Durante el fin de semana se toma menos café que durante la semana.
  • Las mujeres toman más café “en casa” que los hombres.
  • El café más frecuente es por la mañana; seguido por el de después de comer y en último lugar el de “a media tarde”.
  • Por la mañana se bebe más café con leche; tras la comida el solo y otra vez el con leche por la tarde.
  • Los más aficionados a  esta bebida tienen entre 36 y 64.
  • Tomar café es un acto social; el 78% lo toman con amigos, compañeros o familia.

¿Te apetece curiosear?

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