En MIS ARTÍCULOS

BIEN

BIEN

Esta mañana, al despertar, he recordado perfectamente lo que ocurrió el año pasado, tal día como hoy.

Una semana antes, Luis me llamó por teléfono. Quería mi ayuda para organizar una fiesta sorpresa para su mujer, Lola. Por su aniversario de boda. Su 12 aniversario. Bien. No soy muy amiga de ese tipo de fiestas, pero accedí gustosa a colaborar. Me encargó que eligiera un restaurante y un menú. Unas veinte personas a cenar. Amigos. Nada de familia. No importaba el precio. Y una tarta de chocolate.

Bien.

Otra amiga se encargaría de hacer las manualidades, o sea, las invitaciones, tarjetitas con los nombres de los comensales, alguna decoración especial para la mesa y demás.

¿Regalos? Me dejó bien claro que nada de “regalitos” de esos que hacíamos todos los años. Habría un solo regalo y sería él quien lo decidiera.

Bien.

Nos permitimos enmarcar una fotografía de Lola donde ella estaba especialmente guapa, claro está. Para firmarla todos los presentes.

Llegó el día. Yo había quedado previamente con Lola para salir a cenar las dos solas. Una cena para contarnos nuestras penas, de esas catárticas que hacemos las mujeres (no me imagino ni por asomo a un grupo de hombres hablando de su última receta, de lo alterada que estaba su hermana con la menopausia o de los amigos de su hija). Ya después de tomar un vinito sugerí el restaurante donde todos esperaban para ir a cenar.

Bien.

Y todo fue perfecto a partir de allí. Sorpresa, copas, besos, la foto, enhorabuenas… Ah, y el regalos de Luis a su mujer. Un fantástico viaje a Portugal para dos. Una semana a todo lujo en la capital lusa.

La fiesta decayó y alguien hizo notar que eran las dos y que debíamos volver a casa. Sí, era hora.

Bien.

Lola dijo que esperásemos un momento. Quería decirnos algo importante y era buen momento. Y nos soltó:

“A partir de mañana me divorcio. Esta ha sido la última vez que nos habéis visto juntos”.

Bueno. Aplastante. Se nos quedó una cara de cuadro. Sobre todo a Luis, que no sabía muy bien cómo reaccionar.

“Os agradezco esta fiesta. Vuestro trabajo. Pero quiero aclarar que hoy no es mi aniversario. Mi aniversario es dentro de diez días, el 22 de abril. Hoy sí es el aniversario de Rosa y Luis. Llevan saliendo cinco años. Claro, el 12, el 22. Es fácil confundirse y Luis nunca se ha aclarado con estas cosas. Ah. Me quedo con el viaje, Luis. Buscaré a alguien que me acompañe. Sabes que siempre he querido visitar Lisboa. Si me perdonáis, estoy algo cansada. Bien. Ya nos veremos”.

No sé si este año Luis celebrará su aniversario, con Rosa, claro. No tengo noticias suyas desde que se trasladó el año pasado días después de nuestra magnífica y última fiesta.

Lo que me he preguntado frecuentemente es qué tipo de mujer es Lola. No mostró decepción. Aguantó el besuqueo y las felicitaciones. Comió y bebió. Y continuó su vida.

¿Bien?

¿Te apetece curiosear?

A %d blogueros les gusta esto: