3 En CUENTOS CLÁSICOS

MATRIOSKA. Cuento popular ruso

Matrioska es un bellísimo cuento popular ruso sobre la maternidad; además nos explica el origen de las famosas muñecas rusas. Llega al corazón.

MATRIOSKA” es un encantador cuento que nos ayudará a conocer la gran literatura rusa. Y dicen que también a sus habitantes. Cuando lo leí por primera vez, me recordó a un personaje bien conocido por aquí, ese niño que vivía con Gepeto y cuyo amigo se llamaba Pepito Grillo. Y me encantó conocer el origen de la muñecas rusas.

Una genialidad de Matrioska es la evolución que vana sufriendo los nombres: Matrioska, Trioska, Oska, Ka.

¿La moraleja? Una de sus frases:

“Las cosas importantes siempre merecen pequeños sacrificios”

MATRIOSKA

El viejo Serguei había nacido al sur de la ribera oriental del Volga, cerca de la región del Caúcaso. Como sus padres y los padres de sus padres, el viejo Serguei había dedicado su vida a transformar la madera. Era carpintero. Fabricaba desde muebles a hermosos juguetes, caballos de cartón y hasta instrumentos musicales. Cada semana, salía a recoger la madera necesaria para su trabajo. La seleccionaba con precisión y de una sola ojeada sabía para qué podría ser utilizada. Aquella noche había caído una abundante nevada. Sin embargo, cuando los primeros rayos perezosos de sol comenzaron a despertar y pese al frío que helaba hasta el aliento, Serguei salió de la cabaña y recorrió lentamente el camino hacia el bosque.

Serguei no encontró más que pequeños maderos y troncones que, como mucho, le servirían para azuzar la estufa de la casa. De pronto, en un claro del bosque, el viejo Serguei se fijó en un montón de nieve que sobresalía. Se acercó pensando que se trataría de un animal agazapado, pero al agacharse vio el más hermoso de los troncos que nunca antes había recogido. La madera, blanquecina, parecía brillar bajo los primeros rayos y del grueso del tronco surgía un halo de vida, casi tan intenso como el de los oseznos al nacer. Serguei cogió con todas sus fuerzas el tronco en sus manos y lo llevó a casa. Pero, así, con aquella fuerza que desprendía, el viejo Serguei no sabía qué fabricar con él. Debía ser, sin duda, algo muy especial.

Durante los siguientes dos días, Serguei no pudo ni comer, ni dormir, ni trabajar. Finalmente, una mañana, cuando había caído rendido por el cansancio, despertó y decidió, sin más, que fabricaría una muñeca. Aquel mismo día puso el tronco sobre la mesa de trabajo y empezó a tallarla suave y delicadamente. El trabajo, arduo, duró más de una semana; cuando la terminó, Serguei se sintió tan orgulloso de su obra que decidió no ponerla a la venta y se la guardó para que lo acompañara en su soledad. Le puso por nombre Matrioska.

Cada mañana, Serguei se levantaba y la saludaba cortésmente:

-Buenos días, Matrioska.

Un día tras otro repetía la misma cantinela, hasta que, de pronto, una mañana, un tenue susurro le respondió:

-Buenos días, Serguei.

El viejo Serguei se quedó tremendamente impresionado y repitió:

-Buenos días, Matrioska…

-Buenos días, Serguei -le contestó la muñeca, en un hilo de voz.

Maravillado, Serguei se acercó a la muñeca para asegurarse de que era ella quien hablaba; desde aquel día, estuvo acompañado por la pequeña Matrioska, que era un pozo de palabras y risas y lo distraía y alegraba en su trabajo diario. Eso sí, Matrioska sólo hablaba cuando los dos, carpintero y muñeca, estaban solos.

Una mañana Matrioska despertó muy triste. Serguei ya había observado la tristeza en los ojos de la muñeca. Tras mucho rogarle, Matrioska, un poco avergonzada, le explicó que ella veía cada día por la ventana a los pájaros con sus crías, a los osos con sus oseznos y hasta a las orugas que parecían verse perseguidas por millones de oruguitas que se enganchaban unas a otras formando una gran cordada.

-Incluso tú -apuntó Matrioska- tú me tienes a mí, pero yo también querría una hija.

-Pero entonces -respondió Serguei- tendría que abrirte y sacar la madera de dentro de ti y sería doloroso y nada fácil.

-Las cosas importantes siempre merecen pequeños sacrificios -respondió Matrioska.

Y así fue como el viejo Seguei abrió a Matrioska y extrajo cuidadosamente la madera de su interior para hacer una muñeca, casi gemela, pero un poco más pequeña, a la que llamó Trioska. Desde aquel día, cada mañana, al levantarse, saludaba:

-Buenos días, Matrioska; buenos días, Trioska.

-Buenos días, Serguei; buenos días, Serguei -respondían ellas al unísono.

Ocurrió que también Trioska sintió la necesidad de ser madre. De modo que el viejo Serguei extrajo la madera de su interior y fabricó una muñeca aún más pequeña, a la que puso por nombre Oska. Al cabo de un tiempo también Oska quiso tener su propia hija, pero al abrirla Serguei se dio cuenta de que sólo quedaba un mínimo pedazo de madera, tan blanca como el primer día, pero del tamaño de un garbanzo. Sólo una muñeca más podría fabricarse. Entonces el viejo Serguei tuvo una gran idea. Fabricó un pequeño muñeco, y antes de terminarlo, le dibujó unos enormes bigotes y lo puso ante el espejo diciéndole:

-Mira Ka, tú tienes bigotes. Eres un hombre, o sea, recuerda que no puedes tener un hijo o una hija de dentro de ti.

Después abrió a Oska. Puso a Ka dentro de Oska. Cerró a Oska, abrió a Trioska. Puso a Oska dentro de Trioska. Cerró a Trioska, abrió a Matrioska. Puso a Trioska dentro de Matrioska y cerró a Matrioska.

Y esta es la historia de Serguei y su muñeca Matrioska.

 Un día Matrioska desapareció y nada se sabe de ella. Estará en alguna tienda de antigüedades o en la estantería de alguna vieja librería. Si la encuentran no duden nunca en darle el mayor cariño posible, porque ella no dudó en hacer el mayor de los sacrificios para alcanzar algo tan importante como la maternidad.

(Adaptación)


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3 Comentarios

  • Reply
    Masa
    01/05/2017 at 15:31

    Muchas gracias por todo el material que compartes,es todo muy interesante. Saludos cordiales.

    • Reply
      Victoria Monera
      01/05/2017 at 18:38

      Y gracias a ti por tu comentario. Un placer compartir contigo.

  • Reply
    Anónimo
    02/05/2017 at 09:22

    Muy interesante siempre Victoria. Me gusta, gracias.

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