Hacemos el comentario de un fragmento del Tratado primero del LAZARILLO DE TORMES, una novela anónima escrita en 1554, cumbre de la literatura española y antecedente de lo que más tarde será la novela picaresca. Narra uno de los episodios más conocidos de la obra; los protagonistas son Lázaro y su primer amo, el ciego.
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LAZARILLO DE TORMES. Tratado primero (fragmento)
Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sutil, y, delicadamente, con una muy delgada tortilla de cera, taparlo; y, al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y, al calor de ella luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destilarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía, que maldita la gota se perdía. Cuando el pobreto iba a beber, no hallaba nada. Espantábase, maldecíase, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo qué podía ser.
-No diréis, tío, que os lo bebo yo -decía-, pues no le quitáis de la mano.
Tantas vueltas y tientos dio al jarro, que halló la fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló como si no lo hubiera sentido.
Y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando el daño que me estaba aparejado ni que el mal ciego me sentía, sentéme como solía; estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que agora tenía tiempo de tomar de mí venganza, y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder, de manera que el pobre Lázaro, que de nada de esto se guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima.
Fue tal el golpecillo, que me desatinó y sacó de sentido, y el jarrazo tan grande, que los pedazos de él se me metieron por la cara, rompiéndomela por muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy día me quedé.
Desde aquella hora quise mal al mal ciego, y, aunque me quería y regalaba y me curaba, bien vi que se había holgado del cruel castigo. Lavóme con vino las roturas que con los pedazos del jarro me había hecho, y, sonriéndose, decía:
-¿Qué te parece Lázaro? Lo que te enfermó te sana y da salud -y otros donaires que a mi gusto no lo eran.
LAZARILLO DE TORMES. Comentario
CONTEXTO
Este fragmento pertenece al Tratado primero del Lazarillo de Tormes, obra escrita en 1554 que inicia la novela picaresca. La novela picaresca es un género genuinamente español; cuenta las aventuras de un pícaro, personaje que depende de su astucia para poder sobrevivir.
El Lazarillo es una obra escrita en primera persona (autobiográfica) donde Lázaro nos cuenta su vida, desde su infancia hasta ya maduro cuando se casa y logra establecerse y “arrimarse a los buenos”. La obra tiene un Prólogo y siete Tratados; en ellos Lázaro narra las aventuras que le ocurren con los amos a los que va sirviendo. Esas aventuras son una lección de vida que sirven al protagonista para madurar.
Es un texto narrativo en prosa, con presencia del diálogo.
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TEMA
Este fragmento nos cuenta una anécdota que le sucedió a Lázaro con su primer amo, el ciego, a quien su madre se lo entregó para que le sirviera de guía y a quien Lázaro describe como el amo que “me dio la vida, y, siendo ciego, me alumbró y adestró en la carrera de vivir”.
En este tiempo vino a posar al mesón un ciego, el cual, pareciéndole que yo sería para adestrarle, me pidió a mi madre, y ella me encomendó a él, diciéndole cómo era hijo de un buen hombre, el cual, por ensalzar la fe, había muerto en la de los Gelves, y que ella confiaba en Dios no saldría peor hombre que mi padre, y que le rogaba me tratase bien y mirase por mí, pues era huérfano. Él respondió que así lo haría y que me recibía, no por mozo, sino por hijo. Y así le comencé a servir y adestrar a mi nuevo y viejo amo. (…) (Tratado primero)
Lázaro es un niño inocente cuando entra al servicio del ciego, pero esa ingenuidad va a acabar pronto. El ciego es astuto u cruel y convierte a Lázaro en un joven desconfiado y rencoroso, capaz de vengarse del ciego poco antes de abandonarlo.
En este fragmento conocemos una de las picardías de Lázaro para conseguir beber vino: hace un agujerito en al fondo de la jarra que tapa con un poco de cera. La cera se derrite y Lázaro va bebiendo las gotas de vino que caen. Cuando el ciego lo descubre no dice nada, no riñe ni pretende educar al niño, sino que prepara su duro castigo y rompe la jarra sobre la cara de Lázaro que acaba magullado y con varios diente rotos. El ciego se muestra contento de su actuación y hasta se permite bromear.
ESTRUCTURA
El fragmento es un cuento y, como tal, tiene la estructura típica: inicio, desarrollo y desenlace.
Así podemos distinguir tres partes.
- Primera parte. Comienzo. Primer párrafo (hasta el comentario de Lázaro “pues no le quitáis la mano”). Descripción detallada del truco que usa Lázaro para beberse el vino del ciego.
- Segunda parte. Desarrollo. Desde “Tantas vueltas y tientos dio al jarro” hasta “sin los cuales hasta hoy día me quedé”. Castigo y venganza del ciego.
- Tercera parte. Final. Desde “Desde aquella hora”. Lázaro reflexiona sobre lo ocurrido y confiesa que empieza a odiar a su amo.
ESTILO
- Relato autobiográfico escrito en primera persona. El narrador y el protagonista coinciden.
- Vocabulario sencillo, con abundantes coloquialismos. Por ejemplo, “maldita la gota que se perdía”.
- El narrador se sitúa en el presente y nos cuenta una historia de su pasado., de forma subjetiva ya que abundan los aumentativos y diminutivos (jarrazo, pobrecilla, fuentecilla, golpecillo…) y los adjetivos valorativos (mal ciego, dulces tragos, el sabroso licor).
- Presencia del diálogo en estilo directo.
- Uso de la ironía. “-No diréis, tío, que os lo bebo yo -decía-, pues no le quitáis de la mano”. “Lo que te enfermó te sana y da salud”.
- Presencia de antítesis con intención irónica: «dulce y amargo jarro», «Lo que te enfermó te sana y da salud”.
- Hay un salto de la primera a la tercera persona: “El pobre Lázaro, que de nada de esto se guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima”. Como si el protagonista recordara con amargura el suceso.
CONCLUSIÓN
Este fragmento relata una pequeña historia en la vida de Lázaro de Tormes. Aunque hay un cierto tono de humor, el relato deja un regusto amargo ante el cruel castigo del ciego al que, como Lázaro, el lector comienza a odiar.
Es un fragmento perfecto para reflejar a la sociedad renacentista y sus males: el hambre, la pobreza y la crueldad. Todo ese contribuye a la creación de un personaje único en la historia de la literatura universal, el pícaro. y a todo un género literario, la picaresca.
La figura del pícaro tiene esa genialidad: comete pequeños delitos (solo los necesarios para sobrevivir) que hacen que el lector se solidarice con él. El hambre es uno de los temas más importantes de la novela. Lázaro lo sufre continuamente y todos sus amos contribuyen a destrozar la bondad y la inocencia que se percibe en el niño al principio.



