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CUENTO DE HORROR. Marco Denevi

CUENTO DE HORROR. Marco Denevi. El escritor argentino nos deja este cuento lleno de humor negro ante el que es inevitable sonreír.

Creo que ya os he comentado que me encantan los minicuentos, como este CUENTO DE HORROR. No solo por su brevedad (que en muchos casos hasta es discutible), sino por su concisión, su precisión, por expresarlo todo casi sin nada.

Este CUENTO DE HORROR no es el único relato de Marco Denevi que comparto con vosotros. Tengo también “GÉNESIS” y “EL EMPERADOR DE CHINA“. Los tres son bellísimos.

El argentino MARCO DENEVI (1922-1998), que fue un escritor que triunfó como periodista, dramaturgo y cuentista. Perfectos son sus microrrelatos llenos de intriga y con una buena dosis de humor negro que se evidencia en este.

Seguramente si tuviera que hacer una lista de “mis minicuentos favoritos” (ojalá no tenga que hacerlo nunca, porque, ¡qué difícil!), estaría tentada de poner este en primer lugar. Y sé que a mucha gente no le impresiona como a mí, porque lo he recomendado en varias ocasiones y ha sido bastante decepcionante la reacción de algunos lectores. Bueno, yo sigo poniéndolo el primero.

A ver qué opináis vosotros.

CUENTO DE HORROR. Mario Denevi
La señora Smithson, de Londres (estas historias siempre ocurren entre ingleses) resolvió matar a su marido, no por nada sino porque estaba harta de él después de cincuenta años de matrimonio. Se lo dijo:
-Thaddeus, voy a matarte.
-Bromeas, Euphemia -se rió el infeliz.
-¿Cuándo he bromeado yo?
-Nunca, es verdad.
-¿Por qué habría de bromear ahora y justamente en un asunto tan serio?
-¿Y cómo me matarás? -siguió riendo Thaddeus Smithson.
-Todavía no lo sé. Quizá poniéndote todos los días una pequeña dosis de arsénico en la comida. Quizás aflojando una pieza en el motor del automóvil. O te haré rodar por la escalera, aprovecharé cuando estés dormido para aplastarte el cráneo con un candelabro de plata, conectaré a la bañera un cable de electricidad. Ya veremos.
El señor Smithson comprendió que su mujer no bromeaba. Perdió el sueño y el apetito. Enfermó del corazón, del sistema nervioso y de la cabeza. Seis meses después falleció. Euphemia Smithson, que era una mujer piadosa, le agradeció a Dios haberla librado de ser una asesina.

Algo más sobre este autor en SER O NO SER
Y sus cuentos en CIUDAD SEVA
(Ilustración de Carmen Calvo)

¿Te apetece curiosear?

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