En CUENTOS CLÁSICOS/ HISTORIA LIT. ESPAÑOLA

SELECCIÓN DE FÁBULAS desde Esopo hasta Monterroso

FÁBULAS TEXTOS

Con esta selección de fábulas estudiamos la evolución que ha sufrido este género, desde Esopo (siglo VI) hasta Monterroso (siglo XX), pasando por autores tan importantes como el Arcipreste de Hita, Tirso de Molina, Iriarte, Samaniego, Campoamor y Concepción Arenal, entre otros.

La fábula, un género antiguo y moderno

Podemos encontrar fábulas en cualquier momento; se han mantenido fijas en sus planteamientos básicos, es decir, en contar algo de lo que se pueda deducir una enseñanza moral.

¿Qué es una fábula?

-Es un relato breve escrito en prosa o verso.

-Debido a su brevedad, suele tener un solo tema.

-Tiene pocos personajes; frecuentemente, los personajes son animales que se comportan como seres humanos.

-Su estructura es sencilla: presentación, nudo y desenlace.

-Tienen “UNA MORALEJA”, ya que su fin es «enseñar deleitando».

SELECCIÓN DE FÁBULAS desde Esopo hasta Monterroso

Empezamos con Esopo, el «padre de la fábula»

ESOPO (siglo Vi a. C.)

Fábulas en prosa, cortas y directas que ofrecen una clara moraleja en la última línea. Dos ejemplos:

LA LIEBRE Y LA TORTUGA

Una tortuga y una liebre discutían sobre quién era más rápida. Así, fijaron una fecha y un lugar y se separaron. La liebre, por su natural rapidez, descuidó el ponerse a la carrera, se tiró al borde del camino y se durmió. Pero la tortuga, consciente de su propia lentitud, no cesó de correr, y de este modo tomó la delantera a la liebre dormida y se llevó el premio del triunfo.

Muchas veces el esfuerzo vence a la naturaleza descuidada.

LA MOSCA

Cayó una mosca en una olla llena de carne. A punto de ahogarse en la salsa, exclamó para sí misma:

-Comí, bebí y me bañé; puede venir la muerte, no me importa ahora.

Al irresponsable no le importa el fracaso si éste le llega en un momento de placer..

Puedes leer también

FEDRO

Cayo Julio Fedro (Macedonia, hacia 20-15 a.C. – hacia 50 d.C.) sería el heredero de la obra de Esopo; plasmaría sus fábulas en cinco libros.

EL LOBO Y LA CABRA

Encontró un lobo a una cabra que pastaba a la orilla de un precipicio.
Como no podía llegar a donde estaba ella le dijo:
− Oye amiga, mejor baja pues ahí te puedes caer. Además, mira este prado donde estoy yo, está bien verde y crecido.
Pero la cabra le dijo:
− Bien sé que no me invitas a comer a mí, sino a ti mismo, siendo yo tu plato.
Conoce siempre a los malvados, para que no te atrapen con sus engaños

LA EDAD MEDIA (Siglo X-XV)

Nos vamos hasta la Edad Media. En el «Libro de Buen Amor«, del Arcipreste de Hita podemos leer algunas de las mejores fábulas escritas en español. Tres ejemplos:

EL BURRO Y EL PERRO

Un perrito faldero con su dueña jugaba,
con su lengua y hocico las manos le besaba,
ladrando y con la cola, a su modo halagaba,
demostrándole en todo con cuánto la amaba

Ante ella y sus amigos en pies se tenía;
todos, con él, gozaban de solaz y alegría,
cada uno le daba de aquello que comía;
el asno lo observaba un día y otro día.

El asno, poco seso, meditó y paró mientes;
masculló el burro necio así, entre dientes;
«Lo mismo a mi señora que todas esas gentes
con más provecho sirvo que perros complacientes.

Yo sobre mi espinazo les traigo mucha leña,
acarreo la harina que comen, de la aceña:
en dos pies me pondré, jugaré con la dueña
como el perro a quien tiene en su falda, halagüeña».

Rebuznando bien alto del establo salía,
como garañón loco tal el necio venía;
retozando y haciendo mucha majadería
se fue para la sala donde al ama hallaría.

Puso sobre los hombros de la dama sus brazos,
ella dio grandes voces, vinieron los collazos;
diéronle muchos golpes con piedras y con mazos,
hasta que en él los palos hiciéronse pedazos.

EL GALLO Y EL ZAFIRO

En muladar andaba un gallo, cerca del río
y, cuando allí escarbaba, en mañana de frío,
halló un zafir tallado, nunca vió tal avío.

Dijo el gallo, admirado, en su seso vacío:
«Más quisiera de trigo o de uvas un grano
que a tí y a otros cien como tú en la mi mano».
El zafir contesto; «Te aseguro, villano, que, si me conocieras, estarías ufano.

Si me encontrase hoy quien hallarme debía,
si pudiera tenerme el que me conocia,
el que ves entre estiércol mucho reluciría,
¡ni comprendes ni sabes lo que merecería!

LA RAPOSA Y EL CUERVO

La marfusa un día con la fambre andaba,
vido el cuervo negro en un árbol do estaba
grand pedazo de queso en el pico levaba,
ella con su lisonja tan bien lo saludaba:

—¡Oh cuervo tan apuesto!, del cisne eres pariente,

en blancura en dono fermoso, reluciente
más que todas las aves cantas muy dulcemente;
si un cantar dixieres, diré yo por él veinte.

Mejor que la calandria nin el papagayo,
mejor gritas que tordo, nin ruiseñor, nin gayo;
si agora cantases, todo el pesar que trayo
me tirarías en punto más que otro ensayo.

Bien se cuidó el cuervo que con el gorjear
placía a todo el mundo más que con otro cantar;
creyó que la su lengua e el su mucho graznar
alegraba las gentes más que otro juglar.

Comenzó a cantar, la su voz a ercer
el queso de la boca hóbosele a caer;
la gulhara en punto se lo fué a comer;
el cuervo con el daño hobo de entristecer.

Falsa honra e vana gloria y el risete falso
dan pesar e tristeza e daño sin traspaso:
muchos cuidan que guarda el viñadero el paso,
e es la magadaña que está en el cadahalso.

También en la Edad Media, EL CONDE LUCANOR, de don Juan Manuel (S. XIV). Varios de sus cuentos incluyen fábulas que se ponen como ejemplo para que el ayo Patronio pueda aconsejar adecuadamente a su joven pupilo, el conde Lucanor. Pongamos de ejemplo el cuento V, «Lo que sucedió a una zorra con un cuervo que tenía un pedazo de queso en el pico«.

RENACIMIENTO (S. XVI)

Llegamos al Renacimiento. En España, un ejemplo del dramaturgo TIRSO DE MOLINA.

EL ASNO Y EL COCHINO

Señor Juan de Silva, escuche:
Crió un villano en su casa
un cochino y un jumento.
Al cochino regalaba
tanto, que al jumento mismo
daba envidia, que esta falta
es muy de asnos. Llegó el día
de San Martín, y escuchaba
el asno grandes gruñidos.
Asomóse a una ventana,
y vio al mísero cochino,
el cuchillo a la garganta,
que roncaba sin dormir.
—¿Para aquesto le engordaban?
—dijo el asno—. Voime al monte
por leña, venga mi albarda.

BARROCO (S. XVII)

En el Barroco, uno de los fabulistas más conocidos en el mundo y maestro del género, el francés JEAN DE LA FONTAINE.

EL CIERVO Y LAS UVAS

A favor de una crecida viña,
Como solo se ve en algunos climas,
un pobre ciervo perseguido, pudo
salvar oculto su preciosa vida.
Los cazadores fueron despistados
y, llamando a sus perros, se retiran.
El ciervo salvado por las hojas,
– ¡oh negra ingratitud! -, ya no se fija

y muerde la planta bienhechora.
Los cazadores vuelven y ahí lo sacrifican.
“Merecí tal castigo, dice. Por ingrato,
por olvidar el bien que recibía”.

Este ejemplo, niños, nos enseña
algo que debe ser valorado:
nunca debes traicionar a aquellos
que algún día te han beneficiado.

CALDERÓN DE LA BARCA

Uno de los escritores más significativos del Siglo de Oro español introduje fábulas en sus obras de teatro. Por ejemplo esta que aparece en «El pintor de su deshonra» (jornada 2ª, escena II):

CULPAR AL PRÓJIMO DE LA FALTA PROPIA

Sordo un hombre amaneció,
y viendo que nada oía
de cuanto hablaban, decía: 
—¿ Qué diablos os obligó
a hablar hoy de aquesos modos?
Volvían a hablarle bien,
y él decía : —¡Hay tal! ¡Que den
hoy en hablar quedo todos!,
sin persuadirse a que fuese
suyo el defecto. Tú así
presumes que no está en ti
la culpa; y aunque te pese,
es tuya, y no la conoces,
pues das, sordo, en la locura
de no entender la hermosura
que el mundo te dice a voces.

EL SIGLO DE LAS LUCES (S. XVIII)

El siglo XVIII es el «siglo de la fábula» por excelencia. Dos autores españoles de vital importancia para la historia de la fábula: TOMÁS DE IRIARTE y FÉLIX MARÍA SAMANIEGO.

EL GUSANO DE SEDA Y LA ARAÑA (Iriarte)

Se ha de considerar la calidad de la obra, y no el tiempo que se ha tardado en hacerla

Trabajando un gusano su capullo,
la araña, que tejía a toda prisa,
de esta suerte le habló con falsa risa,
muy propia de su orgullo:
«¿Qué dice de mi tela el señor gusano?
Esta mañana la empecé temprano,
y ya estará acabada a mediodía.
¡Mire qué sutil es, mire qué bella!…»
El gusano, con sorna, respondía:
«¡Usted tiene razón; así sale ella!»

LAS MOSCAS (Samaniego)

A un panal de rica miel
dos mil moscas acudieron,
que por golosas murieron,
presas de patas en él.
Otra dentro de un pastel
enterró su golosina.
Así si bien se examina
los humanos corazones
perecen en las prisiones
del vicio que los domina.

Añadimos también en el siglo XVIII al español FRANCISCO MARTÍNEZ DE LA ROSA.

EL TOPO Y EL GUSANO DE LUZ

Por una estrecha hendidura
sacó la cabeza un topo,
con poca carne en los huesos
y mucha piel en los ojos.
No sabe si es noche o día;
pero siente en el contorno
a un gusanillo de luz,
y le dice de este modo:

—Ufano puedes estar,
tamaño como un gorgojo,
llevando en parte vedada
la linterna por adorno:
ya la muestras, ya la ocultas,
tan altivo y orgulloso
como fanal que en la torre
enseña el puerto al piloto.

—No tal —contestó el gusano—,
que mi pequeñez conozco;
mas a ninguno hago daño,
y algún bien procuro a otros.
Doy luz, oculto en la hierba,
sobre las plantas me poso,
y los insectos acuden
a guarecerse en su tronco.
Ni destruyo las raíces,
ni las semillas me como,
ni por temor a los hombres
bajo la tierra me escondo.

Esto dijo el gusanillo;
y lo dijo con tal tono,
que el dañino animalejo
quedó aún más ciego de enojo:
fue a replicar, y no pudo;
sintió encendérsele el rostro,
y, murmurando entre dientes,
metióse dentro de un hoyo.

Así en el mundo sucede:
que los más torpes y tontos,
al que brilla poco o mucho
le zahieren envidiosos.

ROMANTICISMO (S. XIX)

RAMÓN DE CAMPOAMOR, poeta y político español.

EL CONCIERTO DE LOS ANIMALES

Supuesto que respira,
se hace oír, bien o mal, cualquier garganta;
y en esto no hay mentira,
pues mal o bien, el que respira, canta.

Hablen, si no, mil animales duchos
que dieron un concierto como muchos.

Y es fama que el sentido
no acompaña a los órganos vocaíes,
por lo que ha sucedido
que en la patria de dichos animales,
cada cual, presumiéndose asaz diestro,
gritó:
—¡Caiga el león! ¡Fuera el maestro!

Cayó la monarquía,
y en república el reino convirtieron.

—Vaya una sinfonía
de nuestros triunfos en honor —dijeron—;
cada uno cante cual le venga a mano;
ya no más director; ¡muera el tirano!

Comenzóse el concierto,
«cá-cá-rá-cá», gritando el polli-gallo;
y al primer desacierto
con un relincho contestó el caballo;
«a-y-o, a-y-o», siguió el pollino;
«pí-pí-pí», el colorín; «ufff», el cochino.

El «mis» y el «marramau»
cantó el gato montés, cual tigre bravo;
y con cierto «pau-pau»
le acompañaba el indolente pavo;
formando tan horrenda algarabía,
que ni el mismo Luzbel la aguantaría.

El león destronado,
viendo el reino en desórdenes tan grandes,

—’Silencio —dijo airado,
mostrando un arcabuz ganado en Flandes—;
el rey va a dirigir: atrás, canalla.
Y al verle cada cual, amorra y calla.

—Vuelva a sonar la orquesta
—siguió el tirano, de Nerón trasunto—,
y ¡ay de la pobre testa
de aquel que por gruñir me coma un punto!
¿Qué es replicar? No hay réplica ninguna.
Palo o canción; vamos a ver: ¡a una!

Y la orquesta empezando,
«pí-pí», «cá-cá-rá-cá», «mís-mís», «miau-miau»
siguió después sonando
«a-y-o, a-y-o», «ufff-ufff», «pau-pau».
Y tal sonó la música que alabo,
que el mundo gritó absorto: —¡Bravo! ¡Bravo!

Fue el concierto, antes loco,
la maravilla, vive Dios, del arte;
y aunque gruñendo un poco,
cada animal desempeñó su parte;
aprendiendo, en perjuicio de su testa,
que sin buen director no hay buena orquesta.

También en el siglo XIX cultivó la fábula CONCEPCIÓN ARENAL, escritora española, destacada defensora de los derechos de las mujeres que estudió derecho, sociología, historia, filosofía e idiomas a pesar de las trabas que se ponían en esa época para el acceso de las mujeres a la universidad. Un ejemplo de esta luchadora escritora:

EL SOBRIO Y EL COMILÓN

Había en un lugarón
dos hombres de mucha edad,
uno de gran sobriedad
y el otro gran comilón.

La mejor salud del mundo
gozaba siempre el primero,
estando de enero a enero
débil y enteco el segundo.

— ¿Por qué — el tragón dijo un día —,
comiendo yo mucho más
tú mucho más gordo estás?
No lo comprendo, a fe mía.

— Es — le replicó el frugal —
y muy presente lo ten,
porque yo digiero bien,
porque tú digieres mal.

Haga de esto aplicación
el pedante presumido
si porque mucho ha leído
cree tener instrucción,
y siempre que a juzgar fuere
la regla para sí tome:
No nutre lo que se come,
sino lo que se digiere.

SIGLO XX

MONTERROSO

Ya en el siglo XX el guatemalteco AUGUSTO MONTERROSO nos presenta cuentos, aforismos y fábulas, todas ellas interpretadas desde un punto de vista muy personal y crítico.

EL CONEJO Y EL LEÓN

Un célebre Psicoanalista se encontró cierto día en medio de la Selva, semiperdido.

Con la fuerza que dan el instinto y el afán de investigación logró fácilmente subirse a un altísimo árbol, desde el cual pudo observar a su antojo no sólo la lenta puesta del sol sino además la vida y costumbres de algunos animales, que comparó una y otra vez con las de los humanos.

Al caer la tarde vio aparecer, por un lado, al Conejo; por otro, al León.

En un principio no sucedió nada digno de mencionarse, pero poco después ambos animales sintieron sus respectivas presencias y, cuando toparon el uno con el otro, cada cual reaccionó como lo había venido haciendo desde que el hombre era hombre.

El León estremeció la Selva con sus rugidos, sacudió la melena majestuosamente como era su costumbre y hendió el aire con sus garras enormes; por su parte, el Conejo respiró con mayor celeridad, vio un instante a los ojos del León, dio media vuelta y se alejó corriendo.

De regreso a la ciudad el célebre Psicoanalista publicó cum laude su famoso tratado en que demuestra que el León es el animal más infantil y cobarde de la Selva, y el Conejo el más valiente y maduro: el León ruge y hace gestos y amenaza al universo movido por el miedo; el Conejo advierte esto, conoce su propia fuerza, y se retira antes de perder la paciencia y acabar con aquel ser extravagante y fuera de sí, al que comprende y que después de todo no le ha hecho nada.

EL FABULISTA Y SUS CRÍTICOS

En la Selva vivía hace mucho tiempo un Fabulista cuyos criticados se reunieron un día y lo visitaron para quejarse de él (fingiendo alegremente que no hablaban por ellos sino por otros), sobre la base de que sus críticas no nacían de la buena intención sino del odio.

Como él estuvo de acuerdo, ellos se retiraron corridos, como la vez que la Cigarra se decidió y dijo a la Hormiga todo lo que tenía que decirle.

CÓMO ACERCARSE A LAS FÁBULAS

Si no fuera malo, el mundo se regiría por las fábulas de Esopo; pero en tal caso desaparecería todo lo que hace interesante el mundo, como los ricos, los prejuicios raciales, el color de la ropa interior y la guerra; y el mundo sería entonces muy aburrido, porque no habría heridos para las sillas de ruedas, ni pobres a quienes ayudar, ni negros para trabajar en los muelles, ni gente bonita para la revista Vogue.

¿Te apetece curiosear?

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