En HISTORIA LIT. ESPAÑOLA/ TEXTOS

SELECCIÓN POEMAS DE AMOR

El amor es uno de los temas básicos de la literatura. Hablemos hoy del amor mientras leemos esta selección de poemas en español que, a través del tiempo, nos han dejado algunos escritores. Amor sensual, amor de esposo, amor que duda, amor eterno…

El amor como tema literario

Los grandes temas de la poesía son: AMOR, MUERTE, PASO DEL TIEMPO, DIOS y NATURALEZA.

El amor es un sentimiento esencial en la naturaleza humana; está presente en nuestras vidas de forma diferente. Suele presentar dos caras:

-Amor sensual o físico

Por ejemplo el que encontramos en el Libro de Buen Amor, del Arcipreste de Hita o en La Celestina.

-Amor ideal

Veremos en esta selección que aparece frecuentemente la dualidad del amor (expresado con antítesis, con dicotomías, con paradojas): amor que da placer y que duele, amor que es hielo y fuego, amor loco y amor sereno, amor como vida y como muerte…

Subtemas

El concepto de «amor» es muy amplio, por eso presenta muchos temas secundarios: amor por la familia, por la vida, por la patria, a Dios, amor imposible, amor cortés, los celos…

Añadamos también un aspecto más filosófico: el amor al conocimiento, al equilibrio y al orden.

Es fácil encontrar ejemplos de este tema en la poesía. Aquí tienes algunos que te presento organizados cronológicamente.

SELECCIÓN POEMAS DE AMOR

En los primeros textos literarios en español

Ya en la EDAD MEDIA se escribían poemas de amor; este sentimiento se percibía como un objetivo vital; la mujer era el centro de universo de muchos poetas y luna necesidad básica en sus vidas. Hay una mezcla de amores: amor idealizado, amor sensual, amor cortés…

Una de las obras imprescindibles en la historia de la literatura española se llama, precisamente, el Libro de Buen Amor. Aquí, su autor, el Arcipreste de Hita nos presenta una lucha entre dos tipos de amor: el amor a Dios y el amor mundano, a los placeres terrenales; ¿cuál es el «buen amor»? Eso debe decidirlo el lector.

  • Mira el ejemplo que he citado arriba

Más tarde aparece La Celestina, obra en la que también el amor es tema central; para unos personales el amor como forma de vida y sustento; para otros como una mezcla de amor cortés y carnal.

Como ejemplo de los primeros textos sobre el amor tenemos dos romances.

ROMANCE DEL CONDE OLINOS

ROMANCE DEL ENAMORADO Y LA MUERTE

Además un breve poema de JORGE MANRIQUE (siglo XV) donde juega con el concepto metafórico y opuesto del amor como fuego que “enciende” (sentido positivo), pero también «quema» (sentido negativo). En el último verso, el autor pide al lector consejo sobre cuál de esos dos amores elegir.

Entre dos fuegos lanzado

Entre dos fuegos lanzado,
donde amor es repartido,
del uno soy encendido,
del otro cerca quemado;
y no sé yo bien pensar
cuál será mejor hacer;
dejarme más encender
o acabarme de quemar;
decid qué debo tomar.

En el RENACIMIENTO es inevitable citar a GARCILASO DE LA VEGA (1501-1536) y su Soneto V titulado «Escrito está en mi alma vuestro gesto»

Quizá sea uno de los sonetos más conocidos de Garcilaso, uno de los mejores representantes de la literatura española renacentista. Fíjate especialmente en el último terceto, donde se condensa todo el tema en esos versos de estructura paralela donde el poeta destaca el «vos» (la mujer es el centro del poema) y el uso de la primero persona en los verbos (tengo, confieso, nací…), totalmente subordinado a la figura femenina. El autor sigue el tópico del amor cortés; su amada es su dios: “yo no nací sino para quereros”.

Escrito está en mi alma vuestro gesto

Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.

En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.

Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.

Cuanto tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.

Seguimos cronológicamente y nos encontramos, en el BARROCO, con los poemas de amor de FRANCISCO DE QUEVEDO (1580-1645) que nos dejó una importante producción amorosa (la mejor del Barroco español; se conservan más de 200 poemas). Autor de fuertes contrastes que quedan aquí de manifiesto: por un lado, poemas bellísimos de un gran cantor al amor y a la mujer; por otro lado, era conocido por su misantropía y misoginia.

De todos ellos, he destacado los dos que tienes a continuación.

En el primero, Definición del amor, Quevedo usa las antítesis (por ejemplo en el primer verso: hielo-abrasador/fuego-helado/hielo-fuego/abrasador-helado) para definir a ese «niño amor». Acaba el poema con una admiración retórica.

En el segundo, Amor constante más allá de la muerte (sin duda uno de los poemas de amor más bellos escritos en español), el autor expresa claramente el tema ya en el título : Amor constante más allá de la muerte». Se enfrentan dos poderes, el amor y la muerte, y de ellos sale vencedor el amor.

Definición del amor

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¡Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!

Amor constante más allá de la muerte

Cerrar podrá mis ojos la postrera 
Sombra que me llevare el blanco día, 
Y podrá desatar esta alma mía 
Hora, a su afán ansioso lisonjera; 

Mas no de esotra parte en la ribera 
Dejará la memoria, en donde ardía: 
Nadar sabe mi llama el agua fría, 
Y perder el respeto a ley severa. 

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido, 
Venas, que humor a tanto fuego han dado, 
Médulas, que han gloriosamente ardido, 

Su cuerpo dejará, no su cuidado; 
Serán ceniza, mas tendrá sentido; 
Polvo serán, mas polvo enamorad

  • Más SONETOS de Quevedo en Cervantes Virtual.

Los celos es un sentimiento relacionada con el amor. Encontramos en LUIS DE GÓNGORA (1561-1627), autor también del Barroco, un poema dedicado a los celos, a los que define con estas palabras: furia, serpiente, víbora, veneno, verdugo, espada, freno.

A los celos

¡Oh niebla del estado más sereno,
furia infernal, serpiente mal nacida!
¡Oh ponzoñosa víbora escondida
de verde prado en oloroso seno!

¡Oh entre el néctar de Amor mortal veneno,
que en vaso de cristal quitas la vida!
¡Oh espada sobre mí de un pelo asida,
de la amorosa espuela duro freno!

¡Oh celo, del favor verdugo eterno!,
vuélvete al lugar triste donde estabas,
o al reino (si allá cabes) del espanto;

mas no cabrás allá, que pues ha tanto
que comes de ti mesmo y no te acabas,
mayor debes de ser que el mismo infierno.

No podemos olvidar a LOPE DE VEGA (1562-1635), uno de los amantes más célebres de la literatura española (seguimos en el Barroco, Siglo de Oro español). Lope poseía, además de un talento innato para la literatura, un atractivo físico, una vitalidad  y un encanto personal que lo hicieron muy popular entre el pueblo (especialmente entre las mujeres).

Dos muestras de Lope de Vega.

En el primer soneto, el autor juega con una serie de antítesis (verbos, adjetivos, frases) con el objetivo de presentar el amor como algo sin sentido, siempre contrario, opuesto; es decir, incomprensible para los que no lo han probado. Todo el soneto se resuelve en el verso final.

Desmayarse, atreverse, estar furioso

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

En el segundo continúa Lope jugando con las antítesis. Concluye el poema con dos versos finales que definen al amor en tres vertientes: ausencia, fuego e infierno.

Ir y quedarse, y con quedar partirse

Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir pues resta sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la vida infierno.

Me gustaría citar algún poema de amor a Dios, aunque se les suele incluir en poesía religiosa. SANTA TERESA DE JESÚS (1515-1582), escritora también del Siglo de Oro, es una de las mejores representantes de la literatura mística en España. En este poema, la autora expresa un amor tan sublime a Dios que se convierte en “su amado”.

Ya toda me entregué

Ya toda me entregué y dí,
y de tal suerte he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Cuando el dulce Cazador
me tiró y dejó herida,
en los brazos del amor
mi alma quedó rendida;
y, cobrando nueva vida,
de tal manera he trocado,
que mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Hirióme con una flecha
enherbolada de amor,
y mi alma quedó hecha
una con su Criador;
ya yo no quiero otro amor,
pues a mi Dios me he entregado,
y mi Amado es para mí
y yo soy para mi Amado.

Otro tema secundario es el amor a la patria, a nuestro lugar de origen. Citamos un poema de JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842), autor español romántico (que vivió además una triste historia de amor): «A la patria».

  • Te dejo aquí los versos finales. Puedes leerla entera en POESÍAS de José de Espronceda.
  • Sobre el ROMANTICISMO

«A la patria». Elegía

Cubren su antigua pompa y poderío
pobre yerba y arena,
y el enemigo que tembló a su brío
burla y goza en su pena.
Vírgenes, destrenzad la cabellera
y dadla al vago viento:
acompañad con arpa lastimera
mi lúgubre lamento.
Desterrados ¡oh Dios!, de nuestros lares,
lloremos duelo tanto:
¿quién calmará ¡oh España!, tus pesares?,
¿quién secará tu llanto?

Un autor imprescindible si hablamos de amor es GUSTAVO ADOLFO BÉCQUER (España, 1836-1870), poeta que cierra el Romanticismo español.

Dos poemas breves. En el primer poema otra vez se nos presenta el amor como algo eterno que incluso puede vencer a la muerte. El segundo es una de sus famosa Rimas.

Amor eterno

Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la Tierra
Como un débil cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.

Rima x

Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman;
el cielo se deshace en rayos de oro;
la tierra se estremece alborozada;
oigo flotando en olas de armonía
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran… ¿Qué sucede?
¡Es el amor, que pasa!

DULCE MARÍA LOYNAZ (Cuba, 1902-1997). Escritora imprescindible en la literatura cubana, ganadora del Premio Cervantes en 1922; expresó la femineidad con toques líricos e íntimos y de una forma muy personal.

Si me quieres, quiéreme entera

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca, y gris, verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda!… O no me quieras

Y otro poema de la misma autora donde se dirige a un amor que llega ya tarde para ella.

La balada del amor tardío

Amor que llegas tarde,
tráeme al menos la paz:
Amor de atardecer, ¿por qué extraviado
camino llegas a mi soledad?

Amor que me has buscado sin buscarte,
no sé qué vale más:
la palabra que vas a decirme
o la que yo no digo ya…

Amor… ¿No sientes frío? Soy la luna:
Tengo la muerte blanca y la verdad
lejana… -No me des tus rosas frescas;
soy grave para rosas. Dame el mar…

Amor que llegas tarde, no me viste
ayer cuando cantaba en el trigal…
Amor de mi silencio y mi cansancio,
hoy no me hagas llorar.

Desde México, AMADO NERVO (1870-1919), poeta modernista que nos da otra visión del amor: amor cobarde, amor que no se atreve y deja pasar la oportunidad por temor a un posible dolor.

Cobardía

“Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza
de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul…!
Pasó con su madre. Volvió la cabeza:
¡me clavó muy hondo su mirar azul!

Quedé como en éxtasis…
Con febril premura,
«¡Síguela!», gritaron cuerpo y alma al par.
…Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, que suelen sangrar,
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la deje pasar!”

GABRIELA MISTRAL (1889-1957), escritora chilena que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1945, nos dejó este bellísimo poema dedicado a los besos (solo os pongo las tres primeras estrofas).

Besos

Hay besos que pronuncian por sí solos
la sentencia de amor condenatoria,
hay besos que se dan con la mirada
hay besos que se dan con la memoria.

Hay besos silenciosos, besos nobles
hay besos enigmáticos, sinceros
hay besos que se dan sólo las almas
hay besos por prohibidos, verdaderos.

Hay besos que calcinan y que hieren,
hay besos que arrebatan los sentidos,
hay besos misteriosos que han dejado
mil sueños errantes y perdidos.

MARIO BENEDETTI (1929-2009), desde Uruguay, uno de los poetas más leídos y más queridos.

Corazón coraza

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

¿Cómo no citar al chileno PABLO NERUDA (1904-1973) en una selección de poemas de amor? Ganador del Premio Nobel de Literatura y conocido internacionalmente por sus Veinte poemas de amor y una canción desesperada y sus Cien sonetos de amor.

Dos muestras.

Poema 20. Veinte poemas de amor y una canción desesperada

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 

Escribir, por ejemplo: «La noche está estrellada, 
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.» 

El viento de la noche gira en el cielo y canta. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Yo la quise, y a veces ella también me quiso. 

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos. 
La besé tantas veces bajo el cielo infinito. 

Ella me quiso, a veces yo también la quería. 
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos. 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche. 
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido. 

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella. 
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío. 

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla. 
La noche está estrellada y ella no está conmigo. 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos. 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Como para acercarla mi mirada la busca. 
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo. 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles. 
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise. 
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído. 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos. 
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos. 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. 
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. 

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos, 
Mi alma no se contenta con haberla perdido. 

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa, 
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

Amor

Mujer, yo hubiera sido tu hijo, por beberte
la leche de los senos como de un manantial,
por mirarte y sentirte a mi lado y tenerte
en la risa de oro y la voz de cristal.
Por sentirte en mis venas como Dios en los ríos
y adorarte en los tristes huesos de polvo y cal,
porque tu ser pasara sin pena al lado mío
y saliera en la estrofa -limpio de todo mal-.

Cómo sabría amarte, mujer, cómo sabría
amarte, amarte como nadie supo jamás!
Morir y todavía
amarte más.
Y todavía
amarte más
y más.

El peruano CÉSAR VALLEJO (1892-1938) está considerado uno de los mejores poetas del siglo XX. En su obra todo es original y personal y de una altura expresiva que solo unos pocos alcanzan.

Bordas de hielo

Vengo a verte pasar todos los días,
vaporcito encantado siempre lejos…
Tus ojos son dos rubios capitanes;
tu labio es un brevísimo pañuelo
rojo que ondea en un adiós de sangre!

Vengo a verte pasar; hasta que un día,
embriagada de tiempo y de crueldad,
vaporcito encantado siempre lejos,
la estrella de la tarde partirá!

Las jarcias; vientos que traicionan; vientos
de mujer que pasó!
Tus fríos capitanes darán orden;
y quien habrá partido seré yo…!

PEDRO SALINAS (España, 1891-1951), miembro de la Generación del 27 conocido como «el poeta del amor». Poeta subjetivo que se alimentó de la tradición amorosa de Garcilaso de la Vega y de Gustavo Adolfo Bécquer; a través del amor matizó y recreó la realidad y los objetos.

La voz a ti debida. «Si me llamaras»

¡Si me llamaras, sí,
si me llamaras!

Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!

Y aún espero tu voz:
telescopios abajo,
desde la estrella,
por espejos, por túneles,
por los años bisiestos
puede venir. No sé por dónde.
Desde el prodigio, siempre.
Porque si tú me llamas
-¡si me llamaras, sí, si me llamaras!-
será desde un milagro,
incógnito, sin verlo.

Nunca desde los labios que te beso,
nunca
desde a voz que dice: “No te vayas.”

Otro componente de la Generación del 27 fue MIGUEL HERNÁNDEZ (España, 1910-1942). Aquí nos muestra el amor que siente un soldado ausente de su casa, alejado de su esposa y a la espera de un hijo que está por nacer; amor de esposo y padre.

Canción del esposo soldado

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.

JAIME SABINES (México, 1926-1999). Aunque no sea un poema (no sé bien a qué genero pertenece este texto), quiero cerrar esta selección con el mexicano Jaime Sabines.

Te quiero a las diez de la mañana

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.

Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.

Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo, me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

¿Os ha gustado la selección?

Ahora os toca opinar. ¿Os ha gustado la selección? Confieso que no ha sido fácil elegir los textos. He querido poner a representantes de varios países que tienen el español como lengua común, como lengua de unión que nos permite hablar a todos de un mismo tema; hoy, del amor.

¿Te apetece curiosear?

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