En HISTORIA LIT. ESPAÑOLA/ TEXTOS

SELECCIÓN DE ROMANCES

Una selección de los más bellos romances de la literatura española, desde los romances anónimos del Romancero Viejo, pasando por los autores del Siglo de Oro y llegando a los romances de García Lorca.

EL ROMANCERO

El romancero es un conjunto de poemas de gran variedad temática que se solían recitar o cantar los juglares acompañados con música. Narraban sucesos importantes para el pueblo (hazañas de héroes famosos) o relatos que excitaban la fantasía y la imaginación popular.

Aquí vas a encontrar una selección de los más bellos romances, anónimos y con autor.

  • Si quieres saber la forma, los tipos o el origen de los romances mira LOS ROMANCES.

¿DE QUÉ ÉPOCA SON LOS ROMANCES?

Tenemos muestras de romances en toda la historia de la literatura española, desde la Edad media hasta la actualidad; es una de las formas poéticas que más y mejor se ha mantenido; cada todos los escritores se han visto seducidos alguna vez por este tipo de poema no estrófico. Generalmente se habla de dos etapas:

-ROMANCERO VIEJO

Romances más antiguos que proceden de la tradición oral y son anónimos. Siglo XIV y XV. Tenemos muchos conservados porque se recopilan en “Cancioneros” o “Romanceros”, por ejemplo el CANCIONERO DE ROMANCES, hacia 1547 y el ROMANCERO GENERAL, de 1600.

-ROMANCERO NUEVO

Romances creados por autores conocidos, a partir del siglo XVI. Muchos poetas del Siglo de Oro se enamoran de esta estructura métrica y componen romances: Góngora, Lope de Vega… Amplían y renuevan los temas y la forma. También en el Romanticismo y en el siglo XX se escriben romances: Duque de Rivas, Antonio Machado, García Lorca…

DOS ROMANCES COMENTADOS

SELECCIÓN DE ROMANCES

ROMANCERO VIEJO

ROMANCE DEL PRISIONERO

Este romance nos presenta los sentimientos del narrador; es un romance lírico en el que domina el subjetivismo. Es un romance corto (16 versos) con la estructura del romance típico: 8-, 8a, 8-, 8a, 8-, 8a… Este romance conquista al lector por su sencillez y por su visión de la naturaleza; esa misma sencillez realza su carácter lírico y lo convierte en uno de los más bellos de la poesía española.

Que por mayo era, por mayo, 
cuando hace la calor, 
cuando los trigos encañan 
y están los campos en flor, 
cuando canta la calandria 
y responde el ruiseñor, 
cuando los enamorados 
van a servir al amor; 
sino yo, triste, cuitado, 
que vivo en esta prisión; 
que ni sé cuándo es de día 
ni cuándo las noches son, 
sino por una avecilla 
que me cantaba el albor. 
Matómela un ballestero; 
dele Dios mal galardón. 

ROMANCE DEL CONDE ARNALDOS

Romance lírico del que se conservan varias versiones. Parece que el romance está incompleto porque acaba de forma abrupta. Este tipo de final es frecuente y su finalidad era que el público creara su propio final; una de las características de los romances es EL FRAG¡MENTARISMO, es decir que un romances solo narre parte de una historia.

¡Quién hubiera tal ventura
sobre las aguas del mar
como hubo el conde Arnaldos
la mañana de San Juan!
Andando a buscar la caza
para su falcón cebar,
vio venir una galera
que a tierra quiere llegar;
las velas trae de sedas,
la ejarcia de oro torzal,
áncoras tiene de plata,
tablas de fino coral.
Marinero que la guía,
diciendo viene un Cantar,
que la mar ponía en calma,
los vientos hace amainar;
los peces que andan al hondo,
arriba los hace andar;
las aves que van volando,
al mástil vienen posar.
Allí habló el infante Arnaldos,
bien oiréis lo que dirá:
-Por tu vida, el marinero,
dígasme ora ese cantar.
Respondióle el marinero,
tal respuesta le fue a dar:
-Yo no digo mi canción
sino a quien conmigo va.

ROMANCE DEL CAZADOR CAZADO

Romance lírico que utiliza la frase hecha «ser el cazador cazado» como título y como tema.

Pensando al amor cazar,
yo me hice cazador,
y a mí cazóme el amor.
Entré muy descuidado
en el monte de Cupido,
por ver si había venado
y hallé un ciervo escondido:
muy a paso sin ruido
arrojéle un pasador,
y a mí cazóme el amor.
Desque herido le vi
empecé a correr tras él,
y corriendo me perdí
por una sierra cruel;
pero al fin vi un vergel,
que sois vos, lleno de flor,
y allí cazóme el amor.

ROMANCE DE ROSA FRESCA

También un romance lírico que usa el diálogo como forma expresiva. Es frecuente usar el diálogo para conseguir valor dramático. Otro ejemplo es el Romance de Abenamar (abajo).

¡Rosa fresca, rosa fresca,
tan garrida y con amor,
cuando yo os tuve en mis brazos,
non vos supe servir, non:
y agora que vos servía
non vos puedo yo haber, non!
– Vuestra fue la culpa, amigo,
vuestra fue, que mía non;
enviásteme una carta
con un vuestro servidor,
y, en lugar de recaudar
él dijera otra razón:
que érades casado amigo,
allá en tierras de León;
que tenéis mujer hermosa
e hijos como una flor.
– Quien vos lo dijo, señora,
non vos dijo verdad, non;
que yo nunca entré en Castilla
ni allá en tierras de León,
sino cuando era pequeño,
que non sabía de amor.

ROMANCE DE DOÑA ALDA (fragmento)

Romance histórico extranjero que cuenta la historia de doña Alda, importante dama de la corte francesa que protagoniza varios romances españoles.

En Paris está doña Alda,
la esposa de don Roldán,
trescientas damas con ella
para bien la acompañar;
todas visten un vestido,
todas calzan un calzar,
todas comen una mesa,
todas comían de un pan.
Las ciento hilaban el oro,
las ciento tejen cendal,
ciento tañen instrumentos,
para a doña Alda alegrar.
Al son de los instrumentos
doña Alda adormido se ha;
ensoñado había un sueño,
un sueño de gran pesar.
Despertó despavorida
con un dolor sin igual,
los gritos daba tan grandes
se oían en la ciudad.
-¿Qué es aquesto, mi señora,
qué es lo que os hizo mal?
-Un sueño soñé, doncellas,
que me ha dado gran pesar:
que me veía en un monte,
en un desierto lugar,
y de so los montes altos
un azor vide volar;
tras dél viene una aguililla
que lo ahincaba muy mal.

ROMANCE DE ABENÁMAR

Uno de los romances más conocidos del Romancero Viejo. Se trata de un romance fronterizo que utiliza el diálogo para dar dinamismo a la narración. No tiene desenlace. Su carácter lírico, su cuidado vocabulario y su dinamismo lo convierten en uno de los romances más bellos de la literatura española.

-¡Abenámar, Abenámar,
moro de la morería,
el día que tú naciste
grandes señales había!
Estaba la mar en calma,
la luna estaba crecida:
Moro que en tal signo nace
no debe decir mentira.
Allí respondiera el moro,
bien oiréis lo que decía:
-Yo te lo diré, señor,
aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro
y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho,
mi madre me lo decía:
que mentira no dijese,
que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey,
que la verdad te diría.
-Yo te agradezco, Abenámar
aquesa tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos?
¡Altos son y relucían!
-El Alhambra era, señor,
y la otra la Mezquita;
los otros los Alixares,
labrados a maravilla.
El moro que los labraba
cien doblas cobraba al día,
y el día que no los labra,
otras tantas se perdía.
El otro es Generalife,
huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas,
castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan,
bien oiréis lo que decía:
-Si tú quisieses, Granada,
contigo me casaría;
daréte en arras y dote
a Córdoba y Sevilla.
-Casada soy, rey don Juan,
casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene
muy grande bien me quería.

ROMANCERO NUEVO

JUAN DEL ENCINA (1468-1529)

De tema morisco, un romance de Juan del Encina.

¿QUÉS DE TI, DESCONSOLADO?

¿Qués de ti, desconsolado?
¿Qués de ti, rey de Granada?
¿Qués de tu tierra y tus moros?
¿Dónde tienes tu morada?

Reniega ya de Mahoma
y de su seta malvada,
que vivir en tal locura
es una burla burlada.

Torna, tórnate, buen rey,
a nuestra ley consagrada,
porque si perdiste el reino
tengas el alma cobrada;
de tales reyes vencido
honra te debe ser dada.

¡O Granada noblecida,
por todo el mundo nombrada!,
hasta aquí fuiste cativa
y ahora ya libertada.

Perdióte el rey don Rodrigo
por su dicha desdichada;
ganóte el rey don Fernando
con ventura prosperada,

la reina doña Isabel,
la más temida y amada,
ella con sus oraciones
y él con mucha gente armada.

Según Dios hace sus hechos
la defensa era escusada,
que donde Él pone su mano
lo imposible es casi nada.

LUIS DE GÓNGORA (1561-1627)

Los autores del Siglo de Oro cultivan frecuentemente el romance. Destacamos la figura de Luis de Góngora y sus bellos romances de los que dejamos aquí tres muestras. El primero es un ROMANCILLO (está compuesto por versos hexasílabos) de tipo aforístico.

TODO SE MURMURA

Todo se murmura,
y la culpa toda
tiene, la malicia,
fondo en invidiosa.
Luce un caballero
con hacienda poca;
anda otro, más rico,
su persona sola.
Ríense los dos
(la razón les sobra)
de que el uno gaste,
de que el otro esconda.
Ríese la zorra,
búrlase la mona,
de que le falte cola,
de que le sobre cola.

Otro ROMANCILLO de tema amoroso que narra la soledad de una enamorada; utiliza el diálogo entre madre e hija como forma expresiva.

LLORABA LA NIÑA (fragmento)

Lloraba la niña
(y tenía razón)
la prolija ausencia
de su ingrato amor.
Dejóla tan niña
que apenas creo yo
que tenía los años
que ha que la dejó.
Llorando la ausencia
del galán traidor,
la halla la luna
y la deja el sol,
añadiendo siempre
pasión a pasión,
memoria a memoria,
dolor a dolor.
Llorad, corazón,
que tenéis razón.
Dícele su madre:
«Hija, por mi amor,
que se acabe el llanto
o me acabe yo».

El tercero de los romances de Góngora es un romance con estribillo en el que invita a disfrutar de la vida porque el tiempo pasa rápidamente (tópico VITA BREVIS y CARPE DIEM).

QUE SE NOS VA LA PASCUA, MOZAS

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!

Mozuelas las de mi barrio,
Loquillas y confiadas,
Mirad no os engañe el tiempo,
La edad y la confianza.
No os dejéis lisonjear
De la juventud lozana,
Porque de caducas flores
Teje el tiempo sus guirnaldas.

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!

Vuelan los ligeros años,
Y con presurosas alas
Nos roban, como harpías,
Nuestras sabrosas viandas.
La flor de la maravilla
Esta verdad nos declara,
Porque le hurta la tarde
Lo que le dio la mañana.

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!

Mirad que cuando pensáis
Que hacen la señal del alba
Las campanas de la vida,
Es la queda, y os desarman
De vuestro color y lustre,
De vuestro donaire y gracia,
Y quedáis todas perdidas
Por mayores de la marca.

¡Que se nos va la Pascua, mozas,
Que se nos va la Pascua!

FÉLIX LOPE DE VEGA (1562-1635)

De Lope de Vega, un romance lírico, reflexivo, de contenido existencial y moral (procede de La Dorotea). El narrador muestra su desengaño ante la sociedad en la que vive.

A MIS SOLEDADES VOY (Fragmento)

A mis soledades voy,
de mis soledades vengo,
porque para andar conmigo
me bastan mis pensamientos.

¡No sé qué tiene la aldea
donde vivo y donde muero,
que con venir de mí mismo
no puedo venir más lejos!

Ni estoy bien ni mal conmigo;
mas dice mi entendimiento
que un hombre que todo es alma
está cautivo en su cuerpo.

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.

De cuantas cosas me cansan,
fácilmente me defiendo;
pero no puedo guardarme
de los peligros de un necio.

DUQUE DE RIVAS

Del Romanticismo, una muestra del Duque de Rivas, creador de grandes romances.

LA VUELTA DESEADA (fragmento)

Dentro de la carretela
un hombre aún joven camina,
que revuelve a todos lados
la desencajada vista.
Es Vargas: alegre torna
de su patria a las delicias
después de vagar seis años
emigrado en otros climas.
Antiguos amigos halla
en cuantos objetos mira,
y en árboles, tapias, lindes,
dulces memorias antiguas:
lo pasado y lo presente
anudando va, y delira
entre esperanzas risueñas
y entre ya pasadas dichas.
Trastornos, persecuciones,
desventuras, injusticias,
en sus más floridos años
lo arrancaron de Sevilla,
abandonando riquezas,
honores, nombre y familia,
y dejándose allí el alma
en el pecho de Jacinta.
Jacinta, encanto y adorno
de toda la Andalucía;
y por sus luengas pestañas,
por su apacible sonrisa,
por los graciosos hoyuelos
que avaloran sus mejillas,
por su cuerpo primoroso
y por sus formas divinas,
por su gracia y su talento
y su modestia expresiva,
el hechizo de los hombres,
de las mujeres la envidia.

MIGUEL DE UNAMUNO (1864-1936)

De contenido existencial este romance de Miguel de Unamuno, autor perteneciente a la Generación del 98. Esto demuestra la gran capacidad del romance, estructura que puede adaptarse a cualquier tema. Quizá por esto es uno de los poemas de más pervivencia en todo la historia de la literatura española.

CUANDO EL ALBA ME DESPIERTA

Cuando el alba me despierta 
los recuerdos de otras albas 
me renacen en el pecho 
las que fueron esperanzas. 
Quiero olvidar la miseria 
que te abate, pobre España, 
la fatal pordiosería 
del desierto de tu casa. 
Por un mendrugo mohoso 
vendéis, hermanos, la entraña 
de sangre cocida en siesta 
que os hace las veces de alma. 

ANTONIO MACHADO (1875-1939)

Antonio Machado incluyó este romance en su obra Campos de Castilla.

LA TIERRA DE ALVARGONZÁLEZ (fragmento)

I

Siendo mozo Alvargonzález,
dueño de mediana hacienda,
que en otras tierras se dice
bienestar y aquí, opulencia,
en la feria de Berlanga
prendóse de una doncella,
y la tomó por mujer
al año de conocerla.

Muy ricas las bodas fueron
y quien las vio las recuerda;
sonadas las tornabodas
que hizo Alvar en su aldea;
hubo gaitas, tamboriles,
flauta, bandurria y vihuela,
fuegos a la valenciana
y danza a la aragonesa.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (1881-1958)

Del premio nobel Juan Ramón Jiménez, esta bella muestra de un romance personal e intimista.

YO NO VOLVERÉ

Yo no volveré. Y la noche
tibia, serena y callada,
dormirá el mundo, a los rayos
de su luna solitaria.
Mi cuerpo no estará allí,
y por la abierta ventana
entrará una brisa fresca,
preguntando por mi alma.
No sé si habrá quien me aguarde
de mi doble ausencia larga,
o quien bese mi recuerdo,
entre caricias y lágrimas.
Pero habrá estrellas y flores
y suspiros y esperanzas,
y amor en las avenidas,
a la sombra de las ramas.
Y sonará ese piano
como en esta noche plácida,
y no tendrá quien lo escuche
pensativo, en mi ventana.

FEDERICO GARCÍA LORCA (1898-1936)

También los autores de la Generación del 27 escribieron romances. Uno de los más conocidos es el siguiente de García Lorca.

ROMANCE DE LA LUNA, LUNA

A Conchita García Lorca

La luna vino a la fragua
Con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
habrían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
-Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, como canta en el árbol!
por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

GERARDO DIEGO (1896-1987)

Acaba la selección con el que es para muchos el más bello romance del siglo XX.

ROMANCE DEL DUERO

Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.

Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.

Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,

sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.

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