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LOS DOS REYES Y EL LABERINTO. Jorge Luis Borges

LOS DOS REYES Y EL LABERINTO” es uno de los cuentos más conocidos del escritor argentino Jorge Luis Borges. Y hay (posiblemente) cientos de versiones. Como en toda la producción de este genio, se mezcla la aportación literaria con la filosofía y con el pensamiento. Es difícil deslindar estos dos aspectos en la obra de Borges.

Y, por supuesto, como en todos los cuentos “como Dios manda”, tiene su moraleja: siempre hay un castigo a las malas acciones. Siempre. Sed buenos.

Si queréis disfrutar un rato, no dudéis en leerlo. Es una maravilla.

SOBRE EL AUTOR

Jorge Luis Borges (Buenos Aires, 1899-Ginebra, 1986) es uno de los escritores argentinos con mayor renombre dentro y fuera de su país. Se le considera una de los mayores representantes de la literatura del siglo XX. Creador de ensayos, cuentos y poemas.

Un gran erudito escritor de gramática, historias, bestiarios, geografías, recuerdos inventados… todo eso forma parte de un paisaje personal que lo hace imprescindible para la literatura y para la filosofía.

Recibió numerosos premios, pero se quedó sin el Premio Nobel, al que fue “el eterno candidato” (durante casi treinta años), debido a las polémicas que despertaron sus posturas políticas.

LOS DOS REYES Y EL LABERINTO
Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó a construir un laberinto tan perplejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribo sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: “Oh, rey del tiempo y substancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que veden el paso.” Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en la mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed.
La gloria sea con aquel que no muere.

(Ilustración de Carmen Calvo)

¿Te apetece curiosear?

2 Comentarios

  • Reply
    Egle Giménez Rossi
    10/06/2016 at 14:52

    Claro que la confusión y la maravilla son cosas de Dios. Me alegra el rescate de Borges y agradezco la deferencia a Victoria.

    • Reply
      Victoria Monera
      10/06/2016 at 21:00

      Me encanta: “la confusión y la maravilla son cosas de Dios”. Es verdad.
      Gracias a ti por tu comentario.

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